Cuba: estudio sobre mujeres dedicadas al trabajo doméstico no remunerado
Género
Miércoles, 15 de Octubre de 2014

Vladia Rubio - CubaSí.- Un estudio sociológico de mujeres dedicadas al trabajo doméstico no remunerado, sobre venturas y sobre todo desventuras de las amas de casa cubanas a tiempo completo o parcial.

Patricia G. dejó su vínculo laboral como inspectora de calidad en una empresa de la industria ligera hace 10 años. Ella tenía entonces 32 años y su hija se estrenaba como mamá así que primero pidió una licencia sin sueldo para ayudarla y luego, como el niño nació enfermizo pues decidió pedir la baja.

La salud del pequeño mejoró y cuando alcanzó el año “era un toro”, pero no había disponibilidad en el círculo infantil, así que, para que la hija pudiera incorporarse al trabajo y no perder una plaza por la que recibía estímulo en CUC, Patricia siguió sin empleo.

Cuando el niño estaba a punto de empezar el preescolar, parecía que un nuevo horizonte se abría para la abuela, aún joven y capacitada, pero dos meses antes del primer día de clases, su suegro de 79 años, con quien compartía el hogar junto al esposo, sufrió un accidente cerebro vascular que le dejó baldado del lado derecho y afectó otras de sus capacidades, entre ellas, el control de esfínteres.

Es una historia verídica y para nada excepcional. Como esta cubana, hay muchísimas atrapadas en el “ciclo del cuidado sin fin”, como le llama la investigadora Magela Romero Almodóvar, máster en Estudios de Género y en sociología. 

El 48,7 por ciento de las entrevistadas, además de cocinar, lavar, limpiar y un largo etcétera, se encarga también de administrar el presupuesto familiar, lo cual sin embargo, está muy distante de conferirles una posición de empoderamiento, solo más dolores de cabeza 

En total, según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) en 2013 sumaban cerca de un millón 854 mil 753 las mujeres dedicadas por completo a los quehaceres del hogar, lo cual equivale al 92 por ciento del total de personas concentradas solo en dicha actividad no remunerada. Por su parte, un altísimo por ciento del millón 838 mil 600 que ocupan algún empleo laboral, también dedican buena parte de su tiempo y esfuerzos a las tareas del hogar, en lo que se conoce como doble jornada.

El trabajo doméstico no remunerado forma parte de las estrategias de las familias cubanas, no solo para responder a sus necesidades más perentorias como la alimentación o la higiene, también garantiza la atención de los descendientes y de las personas de la tercera edad cubriendo así el déficit de servicios en ese sentido. A pesar de la trascendental importancia de todos esos quehaceres sigue siendo este un fenómeno social poco estudiado y clamando a gritos su abordaje desde perspectivas sociológicas y de género.

Lo que mueve el cucharón

La reciente investigación “Mujeres, trabajo doméstico no remunerado y vida cotidiana” de Romero Almodóvar, también profesora de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, detectó que más de la tercera parte (37,1 por ciento) de una muestra de 78 mujeres estudiadas en el capitalino consejo popular Alamar Este, aludieron dedicarse al trabajo doméstico a tiempo completo –de forma permanente o circunstancial- por dedicarse a la crianza de los hijos, en tanto un 7,9 por ciento se había concentrado solo en la casa para cuidar a los nietos. También el cuidado de familiares enfermos, accidentados o de la tercera edad se agrega a las circunstancias que condicionan la desvinculación del ámbito público.

“Yo no lo escogí, pero, ¡imagínate tú!, ¿qué iban a pensar si yo me negaba a cuidar al padre de mi esposo? Además, ¿cómo voy a ser tan abusadora de pedirle a él que cuando llega del trabajo, muerto de cansancio, se pegue conmigo a bañar al viejo?”

En tales respuestas de Patricia, cuya historia inicia este texto, alienta un lastre patriarcal y machista del que no siempre son conscientes. Sin embargo, la estudiosa Romero Almodóvar constató que más de la mitad de las entrevistadas (57,4 por ciento) consideran que en sus hogares no existe justicia con respecto al modo en que el trabajo doméstico se distribuye en sus hogares. Eso ya es un logro.

También lo es que el 42,3 por ciento del total considere que el trabajo doméstico que realiza es muy útil socialmente. De solo útil, sin el superlativo, lo catalogó la mayoría y únicamente el 6,4 por ciento dijo conferirle muy poco valor social a su desempeño entre trapeadores, cazuelas y detergentes.

Singularidad cotidiana

Bernardetta, la suegra italiana de una cubana, al visitar este verano por primera vez la casa de su nuera, en el Cerro, se asombraba de cómo se las arreglaba en la casa: el modo de limpiar los pisos exprimiendo la frazada, las viandas llenas de tierra que traía de la placita y debía lavar y pelar, la ausencia de facilidades para una cocción rápida de los alimentos, los horarios en que faltaba el agua en la casa… le motivaban expresiones de sorpresa, curiosidad.

Lo cierto es que las cubanas estamos tan acostumbradas a la muy difícil cotidianidad hogareña que apenas nos damos cuenta, y asumimos como natural lo que no siempre lo es. La falta de servicios de apoyo y de una infraestructura que aligere lo dificultoso del trabajo doméstico constituye una de las trabas más grandes a que se enfrenta hoy la mujer cubana puertas adentro de casa.

Una buena parte de las cubanas, lo mismo aquellas dedicadas al trabajo doméstico no remunerado a tiempo completo o parcial, se han ejercitado en desplegar varias tareas a la vez como buscar los mandados y cuidar de los nietos. 

Y si a lo anterior se suma la manera en que son distribuidas las tareas en el hogar, la cosa se complica. Si Patricia consideraba “un abuso” reclamar la ayuda del esposo en la atención a su padre enfermo, la investigación “Mujeres, trabajo doméstico no remunerado y vida cotidiana” corroboró que los argumentos ofrecidos por las encuestadas para responsabilizarse a veces con la totalidad de los quehaceres hogareños, sin intentar un reparto equitativo, “naturalizan la división sexista del trabajo doméstico (…) mostrando las encrucijadas de un sistema patriarcal que las ubica en el espacio domestico desde pequeñas, las educa para realizar todo el trabajo y las utiliza como medios de socialización para que el patrón se trasmita de generación a generación” , afirma la autora del estudio.

La indagación sociológica de la máster Magela Romero ratifica lo que la protagonista de esta historia llama su aptitud para” la multitarea”. El 51,2 por ciento del total declara realizar dos o más tareas domésticas a la vez para optimizar el tiempo de que disponen, más de la tercera parte (34,1) asegura levantarse antes que el resto de su familia para adelantar las cosas de casa, mientras que el 20,5 por ciento prefiere acostarse muy tarde en la madrugada y dejarlo todo listo para el siguiente día.

Aún cuando se han constatado avances en la incorporación masculina a las tareas del hogar, compartiendo con sus compañeras, esta indagación constató que la participación de los hombres con respecto al cuidado de los hijos, por ejemplo, se concretaba sobre todo a aquellas misiones que les son “atribuidas” por la cultura patriarcal: cuestionar al menor por malas conductas, imponerle castigos, darle dinero para sus salidas y ocuparse de que cumplan con lo establecido. En cuanto al cuidado de los familiares de la tercera edad, la investigación encontró prácticamente nula la implicación directa de los hombres. Solo una de las mujeres dijo contar con la ayuda de su esposo para llevar de paseo a su padre de 86 años.

¿Felicidad entre el patio y la cocina?

Entre las desventajas de dedicarse solo a los quehaceres de la casa, las encuestadas refirieron la cantidad de actividades que hacen y el gran número de horas que les dedican, la escasa superación a que pueden acceder, la falta de un sistema amplio de relaciones sociales que les ayude a paliar la soledad que a veces sienten, las limitaciones económicas para satisfacer sus deseos personales, y la monotonía y rutina implícitas en las labores de casa y el poco aporte que hacen a la sociedad.

Aquellas que ocupan empleos formales remunerados fuera del hogar expresaron un mayor rechazo a dedicarse en exclusivo a las tareas domésticas. Solo el 17 por ciento de estas aseguraron haber valorado la posibilidad de ser solo amas de casa en algún momento de sus vidas

¿Ventajas?: no cumplir con un horario ni disciplina laboral, la garantía de tener la casa limpia y organizada, poder dedicar mayor tiempo a sus hijos o nietos, tener tiempo, solo algo, para atender su salud, y estar disponibles para cuidar los enfermos y ancianos de la familia, entre otras.

Quienes piensan que las mujeres dedicadas solo a ser amas de casa disponen de mucho tiempo para ellas mismas, se equivocan. La indagación mencionada ratifica que tampoco a ellas le sobran las horas para leer, pasear o descansar.

El mencionado estudio constata las inequidades de género que perviven, a pesar de las estrategias para enfrentarlas y para promover cambios, más, en la división sexista del trabajo puertas adentro de los hogares cubanos. Y, lo más importante, pone un círculo rojo en derredor de las amas de casa, que muchas veces no son amas ni de ellas mismas a pesar de lo mucho que hacen, tan imprescindible y tan poco apreciado.

 

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Geraldina Colotti | Martes, 1 Octubre 2019

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