Rafael Correa inaugura Cumbre de la CELAC: `El desafío de nuestros pueblos ancestrales es superar la pobreza sin perder su identidad´
América Latina
Jueves, 28 de Enero de 2016

Cubadebate - Video: teleSUR.- En la inauguración de la IV Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), el presidente de Ecuador, Rafael Correa, instó a ofrecer respuestas contundentes a la desigualdad desde esta organización integracionista.

“El desafío de nuestros pueblos ancestrales es superar la pobreza sin perder su identidad”, expresó el líder ecuatoriano.

Durante dicho acto, el también presidente pro tempore del bloque regional propuso seguir trabajando en la construcción de una nueva arquitectura financiera regional para respaldar con recursos propios el desarrollo de los pueblos de este continente.

“Se hace necesario un sistema tributario progresivo; que el ingreso tributario sirva para financiar igualdad de oportunidades; debemos ser “sociedades con mercado”, no “sociedades de mercado”, sentenció.

Correa abogó además por una relación más justa y equilibrada entre los Estados y las transnacionales, la creación de tribunales para canalizar los pleitos de la región sin interferencias externas y de una corte internacional para proteger a la naturaleza del abuso de las grandes empresas.

“Nada justifica que tengamos tribunales para los delitos cometidos por las empresas, pero no tengamos para los agravios contra el medio ambiente”, añadió tomando como punto de partida lo anterior.

Además, insistió en que la Celac reemplace a la Organización de Estados Americanos (OEA), institución que consideró más anacrónica que nunca en el contexto actual pues no representa los genuinos intereses de los pueblos latinoamericanos y caribeños.

“¿Cómo se entiende que la sede de la OEA esté en un país que mantiene un bloqueo económico contra Cuba?”, agregó.

(Con información de Prensa Latina y Granma)

Correa en CELAC: “Siempre será mucho más lo que nos una que lo que nos separe”

Cubadebate.- La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) tiene “toda la capacidad” para apoyar a la misión que verificará el acuerdo de cese al fuego y dejación de armas de las FARC en Colombia, dijo este miércoles el presidente de Ecuador, Rafael Correa.

“Entregamos una Celac con toda la capacidad de apoyar la verificación del acuerdo de cese al fuego y dejación de armas en Colombia”, señaló Correa durante la inauguración de la IV Cumbre del bloque en Quito.

El mandatario se dirigió a los presidentes y representantes de los 33 países del bloque y les recordó que en 2014 América Latina y el Caribe fue declarada “zona de paz” en la cumbre de Celac en La Habana, donde se desarrollan las negociaciones entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Aseguró haber sostenido una reunión con el presidente de Costa Rica, Guillermo Solís, en Belén, Costa Rica, donde ambos mandatarios discutieron los cinco ejes de trabajo para los próximos años.

“Lamentablemente, por falta de consenso y diferentes visiones sobre CELAC, que en lo personal no considero excluyentes, no se han podido plasmar estos ejes en metas cuantificables y en una agenda común”, dijo.

Sin embargo, reflexionó sobre los cinco ejes propuestos, y a continuación reseñamos ampliamente sus palabras:

Eje 1- Reducir la pobreza extrema y las desigualdades

En la Cumbre de La Habana declaramos a América Latina y el Caribe como Zona de Paz, apoyamos con todo nuestro corazón al presidente Juan Manuel Santos en la búsqueda de la paz definitiva para Colombia y entregamos una CELAC con toda la capacidad de apoyar la verificación del acuerdo de cese al fuego y dejación de armas en Colombia; pero la paz, queridos compatriotas de Latinoamérica y el Caribe, la paz no es solo ausencia de guerra; la paz debe ser, sobre todo, presencia, presencia de justicia, dignidad, de oportunidades para todos.

Las respuestas a la inequidad deben ser contundentes, sin esperar una supuesta mano invisible, que por invisible nadie la ha visto. La historia nos demuestra que en la búsqueda de la justicia se requiere de manos bastante visibles, se requiere acción colectiva de la voluntad explícita de las sociedades.

Las políticas para tener una región más equitativa y disminuir la pobreza son conocidas por todos, y para ello se necesita:

Primero, un sistema tributario progresivo, donde el que más tiene pague más. Contrariamente a lo que nos dice la propaganda cotidiana, América Latina tiene 22,7% de presión tributaria, muy por debajo de los países de la OCDE, los más desarrollados del mundo, que tienen 35,3% y pese a ser mucho más equitativos que en nuestra región.

Segundo, que ese ingreso tributario sirva para financiar, a través de un adecuado gasto público, igualdad de oportunidades tales como educación y salud. Nuevamente contrario a la propaganda, donde nos disfrazan ideología como ciencia, el tamaño del Estado —no hay ninguna teoría que nos diga el tamaño óptimo del Estado—, medido por el gasto público como porcentaje del PIB, alcanza el 29% en América Latina en comparación con 44% de los países de la OCDE.

Tercero, se trata de gobernar los mercados en función de los objetivos sociales. Debemos ser sociedades con mercado, no sociedades de mercado donde vidas, personas y la propia sociedad se convierten en una mercancía más en función de la entelequia del mercado. Es necesario, especialmente, gobernar el mal llamado mercado laboral; mal llamado mercado laboral porque el trabajo no es una mercancía, el trabajo humano tiene un valor ético, porque no es objeto, es sujeto, no es un medio de producción, es el fin mismo de la producción, y el salario es pan, sustento, dignidad y uno de los fundamentales instrumentos de distribución, justicia y equidad.

En Ecuador tenemos un salario básico que, como su nombre lo indica, es un mínimo para evitar un mal mayor: el desempleo. Pero ninguna empresa puede declarar utilidades hasta no pagar al último de sus trabajadores un salario digno, es decir, el que permita con el ingreso familiar cubrir la canasta básica de consumo. Esto nos ha ayudado a mejorar mucho la equidad y disminuir la pobreza en nuestro país.

También necesitamos políticas laborales y de seguridad social regionales para no caer en el absurdo de competir entre nosotros y sacrificar a nuestros trabajadores en los altares del capital internacional.

Cuarto, para esta distribución del ingreso y la riqueza se requiere una adecuada distribución del acervo social entre lo público y privado y dentro de lo privado.

De acuerdo al reciente estudio de Oxfam —Una economía para el 1%, se llama el estudio—, en el año 2015, 62 personas tuvieron la misma riqueza que 3 600 millones de personas, es decir, el 50% menos rico del mundo. ¿Cómo vamos a explicarles a las futuras generaciones una locura de esta naturaleza?

En Ecuador, los recursos naturales no renovables, así como el perfil costanero y los sectores estratégicos, pertenecen al patrimonio del Estado; pero todavía tenemos una terrible acumulación privada de los medios de producción, de la tierra y de la riqueza en general, lo cual necesariamente produce acumulación y mala distribución del ingreso.

La distribución de la riqueza y no solo del ingreso es un problema político extremadamente duro por el poder de nuestras élites y sus medios de comunicación; pero estamos luchando para mitigar cuestionables formas de acumulación, como las herencias y la excesiva plusvalía, que atentan contra los más elementales principios de una sociedad meritocrática.

Como nos manifestó ese gran latinoamericano Jorge Bergoglio, el Papa Francisco, en su carta a los presidentes reunidos en la Cumbre de las Américas en Panamá: “El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia y, mientras no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se resolverán los males de nuestra sociedad”.

Eje 2 Fortalecer la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación

La convergencia del ingreso a nivel mundial depende de la difusión del conocimiento. Debemos afrontar, queridos colegas, la impostergable necesidad, urgencia, de acortar la brecha del conocimiento. Es una meta que debemos proponernos con decisión y aprovechando el apoyo de nuestros socios extrarregionales.

Hoy no tenemos ninguna universidad latinoamericana o caribeña entre las 100 mejores del mundo. En los próximos años deberíamos colocar al menos 12 de la región entre las 200 mejores universidades del planeta.

Actualmente nuestra región invierte apenas el 0,74% del PIB en investigación y desarrollo. Miren la diferencia con los países más desarrollados del mundo, más del triple y con un PIB mucho mayor que esos países. Debemos duplicar esta inversión en los próximos cuatro años, llevándola al menos al 1,5% del PIB hasta el año 2020.

Debemos también como bloque impulsar un tratado mundial que permita el acceso al conocimiento crítico por parte de los países en vías de desarrollo. Este conocimiento no se confisca a los inventores, pues debe ser reconocido y compensado por los Estados y por parte de una verdadera cooperación para el desarrollo.

La ciencia y la tecnología no tienen rivalidad en el consumo. En consecuencia, mientras más personas la utilicen es mejor para todos. Esa es la idea central que en Ecuador hemos llamado la Economía Social del Conocimiento, contemplada en el llamado Código Ingenios, que en este momento se debate en la Asamblea Nacional.

Debemos buscar una nueva forma de gestionar el conocimiento a nivel de nuestros países, pero también a nivel mundial.

El eje 3: Generar consensos en relación al medio ambiente y al cambio climático

La CELAC cumplió con su compromiso, asumido en la Cumbre de Belén, de llevar a París la voz unidad de sus 33 Estados miembros, de los 69 millones de personas que viven aún en extrema pobreza y de gran parte de los ecosistemas más vulnerables del mundo.

Lamentablemente, pese a que frente a la nada lo poco parece mucho, el Acuerdo de París no garantiza una meta específica y clara de reducción de la contaminación global, ni los recursos económicos y tecnológicos para su respectiva implementación. París debe entenderse como el inicio del camino a un régimen de justicia ambiental, que refleja un nuevo pacto social global, donde se reconozcan los derechos de la naturaleza y se establezca una Corte Internacional de Justicia Ambiental que sancione los atentados contra esos derechos de la naturaleza y también establezca responsabilidades en cuanto a deuda ecológica y consumo de bienes ambientales.

Nada justifica, nada, tan solo el poder; nada justifica que tengamos tribunales para proteger inversiones, pero no tengamos tribunales para proteger a la naturaleza. Se trata tan solo de la perversa lógica de privatizar los beneficios y socializar las pérdidas. Pero debemos estar atentos y no caer en fundamentalismos perniciosos como el ecologismo infantil, que cree que proteger la naturaleza y superar el extra-activismo es dejar de aprovechar nuestros recursos naturales no renovables. La gran diferencia en nuestra América con los países, por ejemplo, del Sudeste Asiático, que tuvieron que aguantar largas décadas de explotación de su fuerza laboral, esa gran diferencia son nuestros recursos naturales, cuyo uso adecuado nos permitirá desarrollarnos con soberanía.

Allende decía que el cobre es el pan de Chile, que unos cuantos fundamentalistas, con sus ONGs extranjeras no nos roben ese pan.

También abunda un indigenismo infantil que pretende hacernos creer que el “buen vivir” es la premodernidad y que la miseria es parte del folclor. La mayoría, la inmensa mayoría de los indígenas no rechaza la modernidad que ciertas ONGs en instancias internacionales se han dedicado a satanizar, sino que más bien buscan estar incluidos en la cosecha de sus frutos. Es importante no caer presos de aquella vieja infantilización occidental, racista y neocolonial del “buen salvaje”, y, por supuesto, del rechazo a la modernidad.

El desafío de nuestros pueblos ancestrales es superar la pobreza sin perder su identidad.

Este indigenismo infantil también promueve el paternalismo. Es indudable que nuestros indígenas han sido víctimas de las peores injusticias, pero eso no les da supremacía moral sobre los no victimizados, no los exime de responsabilidad sobre su situación actual, ni les da todas las respuestas ni tampoco los convierte en referencia del “buen vivir”.

Eje 4: Gestionar el financiamiento para el desarrollo, con énfasis en infraestructura y conectividad

La CEPAL estima que la región requiere invertir en infraestructura el 6,2% del PIB regional. Esto significa cerca de 320 000 millones de dólares anuales hasta el 2020; sin embargo, en el último decenio solo se invirtió el 2,7%, es decir, menos de la mitad. Mucha de esa infraestructura no la pueden proveer nuestros sectores privados, o no les interesa por no tener retornos financieros, aunque sí sociales. Por ello la inversión pública es fundamental.

Son muchas las restricciones que enfrentamos como países en vías de desarrollo, pero, sin dudas, la principal es la externa, demasiada inversión, así sea para bienes transables en el corto plazo genera déficits externos. Es la trampa del subdesarrollo que debemos superar: no podemos invertir por no tener productividad y no tenemos productividad por no poder invertir. Por ello debe haber adecuado financiamiento para el desarrollo, pero también debemos resolver contradicciones propias de la región. Mientras América Latina y el Caribe tienen depositado un billón de dólares de nuestros recursos en el Primer Mundo, seguimos dependiendo de préstamos externos, inversiones extranjeras y de cooperación sin ningún impacto estructural. Por eso a nivel de UNASUR llevamos años trabajando en una nueva arquitectura financiera regional, compuesta por un Banco de Desarrollo, un fondo común de reservas y un sistema de compensaciones para el comercio internacional. El traer nuestras reservas, juntarlas y administrarlas adecuadamente para financiar el desarrollo, constituye un imperativo del sentido común.

También debemos superar trampas ideológicas de las finanzas públicas, como el caso del déficit fiscal y la inversión pública. Se observan absurdos como considerar la inversión como un gasto más. La inversión crea activos, por ejemplo una hidroeléctrica, pero no se registra su valor, aunque sí se registra la deuda adquirida para la construcción de la hidroeléctrica.

Así la inversión genera falsamente un déficit al no registrarse los activos, pero sí los pasivos. Esto nos lleva a suponer que todo ha sido pérdida y se convierte en una trampa ideológica para satanizar todo gasto público.

Finalmente, adecuada inversión extranjera es altamente deseable para la región, pero dentro de una relación entre Estados y transnacionales justa y equilibrada, que posibilite el beneficio mutuo, el respeto de los derechos humanos y de los derechos de la naturaleza.

Otra de nuestras principales propuestas es la creación de centros de arbitraje para nuestra región, que eviten ese atentado a nuestras soberanías que constituyen los actuales tratados bilaterales de inversión, donde todo está en función del capital, no en función de nuestros pueblos, no en función de nuestros Estados; todo está en función del capital y los tribunales están compuestos por árbitros ad hoc vinculados a las propias transnacionales.

Eje 5: Desarrollar y potenciar nuestro papel como bloque regional

Este eje lo considero el más importante, porque el mundo del futuro será un mundo de bloques.

Ecuador no tiene temor a pensar, a proponer, a soñar, incluso a equivocarse. Creemos que la CELAC en el mediano plazo debe reemplazar a una OEA, Organización de Estados Americanos, que jamás funcionó adecuadamente, pero que hoy es más anacrónica que nunca. Fidel la llamó acertadamente el “ministerio de las colonias”. Necesitamos un organismo latinoamericano y caribeño capaz de defender los intereses soberanos de sus miembros. La OEA nos alejó de ese propósito reiteradamente, por ejemplo, cuando expulsó a Cuba de su seno en 1962, o 20 años después en la Guerra de las Malvinas de 1982, cuando se destrozó, se atropelló el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que exigía una respuesta continental frente a una agresión militar externa a uno de los miembros de la OEA.

¿Por qué tenemos que discutir nuestros problemas en Washington? ¿Cómo se puede sostener la irracionalidad de que la sede de la Organización de Estados Americanos esté en el país del criminal bloqueo a Cuba, bloqueo que incumple abiertamente la Carta Interamericana fundacional de la OEA? Como lo dijimos en la Cumbre de las Américas de Panamá: la realidad es que necesitamos un nuevo sistema interamericano; debemos entender que las Américas al norte y al sur del Río Bravo son diferentes y debemos conversar como bloques. La CELAC debe ser el foro para las discusiones latinoamericanas y caribeñas y la OEA debería convertirse en el foro en el que, como bloque, CELAC y América del Norte procesen sus coincidencias y conflictos.

También necesitamos un sistema nuevo de derechos humanos latinoamericano y caribeño sin dobles estándares ni distorsiones geopolíticas. ¿Cómo es posible que la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se encuentre en un país que no ha ratificado ninguno, ¡ninguno!, de los instrumentos interamericanos sobre derechos humanos?, ni siquiera el Pacto de San José, fundamento del sistema. ¿Cómo es posible que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se financie casi en su totalidad por países que no han ratificado la Convención Interamericana por Estados observadores, entre comillas, que no son parte de América y por organismos y supuestas fundaciones de cooperación internacional de esos mismos países? Es decir, hablemos claramente, pagan para controlar a los demás, para controlar a los otros. Eso solo tiene un nombre: neocolonialismo, y es inaceptable en nuestra América del siglo XXI.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos está totalmente dominada por países hegemónicos, por un oenegesismo absolutamente político pero sin responsabilidad política, lo cual es mortal para la democracia; y está dominada por el capital detrás de los negocios dedicados a la comunicación, con lo que la Comisión se ha convertido en un eco de la prensa mercantilista de la peor ralea.

Todo está listo para el nuevo sistema, porque básicamente somos los países de América Latina los que hemos ratificado el Pacto de San José y en consecuencia somos los únicos que reconocemos y nos sometemos a la Corte Interamericana con sede en Costa Rica, la cual además puede asumir las funciones de la Comisión como en el sistema europeo de Derechos Humanos, donde no existe Corte y Comisión, tan solo Corte.

El desarrollo es un problema político

Tras la presentación de los Cinco Ejes, el Presidente ecuatoriano llamó a no olvidar que el desarrollo es esencialmente un problema político y depende de quién manda en una sociedad: las élites o las grandes mayorías; el capital o los seres humanos, el mercado o la sociedad.

Nuestra América, dijo, vive no una época de cambios sino un verdadero cambio de época donde el poder de las élites que siempre nos dominaron se debilita y derrumba para dar paso al poder popular.

Aseguró que siempre será mucho más lo que nos una que lo que nos separe. ”Existe una coincidencia entre todos nosotros en torno a los principios que defendemos: la primacía del derecho internacional, la democracia y la autodeterminación de los pueblos, la defensa de los derechos humanos, la búsqueda del desarrollo humano sostenible. La unidad de nuestros pueblos, como decía Cristina Fernández de Kirchner en la inauguración de este edificio, empezó hace miles de años con nuestros pueblos ancestrales, con el Abya Yala.”

Reconoció que “hoy enfrentamos tiempos difíciles”, porque “la tecnocracia dice que se acabó lo que llaman el súper ciclo de los commodities. Después de una década extremadamente exitosa, la región tiene más dificultades para crecer, generar empleo, disminuir la pobreza, garantizar derechos; pero hay grandes capacidades acumuladas y contamos con los más valiosos recursos: la voluntad de nuestros pueblos y nuestra unidad”.

Quiénes participan

En el encuentro, que se desarrolla a puerta cerrada en la sede de la Unasur, participan presidentes y representantes de los 33 países que conforman el bloque presente.

Asisten 14 presidentes: Danilo Medina, de República Dominicana; Luis Solís, de Costa Rica; Enrique Peña Nieto, de México; Dilma Rousseff, de Brasil; Evo Morales, de Bolivia; Juan Manuel Santos, de Colombia; Michelle Bachelet, de Chile; Rafael Correa, de Ecuador; Juan Carlos Varela, de Panamá; Ollanta Humala, de Perú; Horacio Cartes, de Paraguay; Jimmy Morales, de Guatemala; Nicolás Maduro, de Venezuela; David Dranger, de Guyana.

Además, cinco vicepresidentes: Miguel Díaz-Canel, de Cuba; Raúl Sendic, de Uruguay; Óscar Ortiz, de El Salvador; Gabriela Michetti, de Argentina; y Ricardo Álvarez, de Honduras. Así también, dos primeros ministros: Ralph Gonsalves, de San Vicente y las Granadinas; y Gaston Brown, de Antigua y Barbuda.

Los cancilleres Wilfred Peter Elrington, de Belice; Maxine McClean, de Barbados; Francine Baron, de Mancomunidad de Dominica; Arnold J. Nicholson, de Jamaica; Niermala Bardrising, de Surinam; Alva Romanus, de Santa Lucía; Frederick A. Mitchel, de Bahamas; y Lener Renauld, de Haití.

También se encuentran Oliver Joseph, ministro de Desarrollo Económico de Granada; y Sidharta Marín, viceministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua.

 

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