Fernando Martínez Heredia, de vuelta a Casa
Sheyla Delgado Guerra di Silvestrelli
Martes, 12 de Diciembre de 2017

Sheyla Delgado Guerra di Silvestrelli - Cubaliteraria Ediciones.- Fernando volvió. A pocos meses del viaje que nunca debió dar, regresó. En remembranzas de viejos amigos, en los deseos de conocerlo de otros nuevos.

Me voy sin entender qué pasa.
Tú sabes bien, que soy como soy,
Pero sigo regresando a casa.

Carlos Varela

Fernando volvió. A pocos meses del viaje que nunca debió dar, regresó. En remembranzas de viejos amigos, en los deseos de conocerlo de otros nuevos.

En la necesidad de saberlo cerca, quisieron muchos que Fernando Martínez Heredia estuviera, por estos días, de vuelta a esa casa tan de él y tan de tantos que es Casa de las Américas, en un encuentro que permitió reconstruir lo mejor del intelectual, del pensador, del maestro, del hombre —ya desde lo anecdótico, ya desde las emociones agolpadas pecho adentro—,  a Los amigos de Fernando. Fue ese el nombre para una cita que devino homenaje, reflexión, hervidero, desahogo y acierto.

Esther Pérez, compañera de Fernando en la vida y en la obra del día a día, compartió la apertura, en la biblioteca del Centro Martin Luther King Jr., de un espacio que atesora buena parte del pensamiento escrito, papeles y ejemplares de su esposo. Y es que volcarse a esos documentos hoy, además de enorme  privilegio, entraña la urgencia de una nación por replantearse caminos y recetas. No pueden condenarse esas páginas y apuntes a las gavetas ni al polvo, tienen que ser fuente y punto de partida. Tienen que ser el pretexto del reencuentro, la manera de llegar hacia donde apuntó el fundador y director del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y de la revista Pensamiento Crítico, el Premio Nacional de Ciencias Sociales, el Maestro que seguirá siendo.

Aurelio Alonso, uno de los coordinadores del encuentro, acertó al decir que “esto ha rebasado la reunión testimonial que habíamos pensado”. Y lo justificaron, de sobra, las memorias que destapó Chomi —dr. José Millar Barruecos— , quien trabajara bien de cerca con Fidel por más de cuatro décadas y, por los tiempos de Martínez Heredia en el Departamento de Filosofía, fuera rector de la Universidad de La Habana. Se detuvo en la sagacidad de los debates, en la profundidad del amigo y hasta en la épica reunión de 24 horas sobre la militancia. Y en lo “revolucionario y creador” que significó para Fidel el Departamento que piloteaba Fernando.

Mientras, el poeta Víctor Casaus tornó su mirada a la relectura de "El ejercicio de pensar", publicado por el intelectual y pensador en El Caimán Barbudo.

La Casa de las Américas —otra de las casas de Fernando— recogió el testimonio de muchos nombres de sus buenos amigos. Basta con decir que fue una evocación a la VIDA de alguien que pasó, por esta vida, dejando fruto de su paso.

Y recordé, entonces, al hombre de voz pausada y verbo que taladra, justo delante de mí, en un salón de reuniones del diario Granma. Lo vi, de nuevo, sonreír con mi respuesta a aquella pregunta suya; en el Pabellón Cuba durante Paradigmas Emancipatorios… y, lo vi en la entrevista que le hiciera poco antes de ese viaje al infinito. Tan sabio, tan crítico cuando más urge la crítica para países y hombres, tan renovador y tan él mismo.

Entonces, me permití volver yo, también, a las líneas con que me desahogué el día que supe —desde Roma— el absurdo de su muerte. La noticia me había sorprendido ya de luto en la distancia, adonde fui con dos boletos de avión y el alma estrujada. Reviví el dolor de no haber estado en La Habana para abrazar a sus seres queridos. Pero incluso lejos, lo lloramos con el alma, o lo que quedaba de ella.

Me permití, de vuelta a La Habana, destejer sus notas al pie de mi grabadora y cada invitación suya  a reflexionar, como sociedad y “sin miedo al ridículo”,  para abofetear el rancio (mal) hábito de la queja por la queja y el quietismo improductivo.

Y después de tanto cariño y de remembranzas de otro tiempo, pareciera que Fernando no salió jamás de Cuba, no salió del Marinello. Quizás porque su palabra sigue tan viva como el derrotero que pautó su pensamiento. O quizás, simplemente, porque es mentira que Fernando ha muerto.

Publicado en Cubaliteraria

http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=20885&idseccion=30

 

 

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