Entre conservadores pero en fase de tránsito
Lorenzo Gonzalo
Viernes, 12 de Diciembre de 2014

orenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce

Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce - Martianos-Hermes-Cubainformación.- Emprender las necesarias reformas en la política estadounidense no lo decide el Partido Republicano o el Partido Demócrata, sino un liderazgo que surja de un fuerte movimiento social capaz de estructurar el clamor que, por mucho tiempo, ha estado denunciando el deterioro de sus niveles de vida.

Ninguno de los Partidos por separado puede enfrascarse en semejante obra porque esas decisiones sólo pueden llegar como acuerdos consensuales y ambas instituciones están muy distantes de un estadio de opinión que permita un consenso.

Las desigualdades generadas por la implementación de políticas liberales, estimuladas por la crisis de los setenta y al calor de una nueva etapa de desarrollo tecnológico que facilitó la formación de espejismos ideológicos, han vuelto. Como siempre, han sido las programáticas políticas, las causantes de este desarrollo asimétrico de la sociedad que vivimos en la actualidad.

Ambos Partidos están en la época del conservadurismo, algo que fue característico también durante la llamada Época Dorada (Gilded Age). Esos tiempos fueron superados con la llegada de Franlyn D. Roosevelt, quien, como consecuencia de la crisis económica generada por las políticas fallidas de ambos Partidos desde fines de los ochenta del Siglo XIX, adoptó leyes y regulaciones que facilitaron un feliz final de la crisis y el comienzo de una nueva época.

Pero ambos han vuelto a acercarse cada vez más en sus criterios y se alejan en igual proporción de los requerimientos generales de la sociedad.

Curiosamente, para las elecciones que se avecinan ya comenzamos a escuchar algunos acordes musicales de las probables melodías que ofrecerán en ese concierto electoral del 2016, la facción demócrata y la republicana.

Greorge W Bush acaba de manifestar hace poco, en la cadena CNN, que considera a Bill Clinton su “hermano” pero se inclina a pensar que en unas elecciones donde compita su otro y verdadero hermano Jeb Bush y su “cuñada” Hillary, ganaría el primero.

En béisbol diríamos que es un buen lanzamiento de bola para ponchar a la cuñada y envasar al hermano.

La declaración tiene fundamento porque ambos personajes tienen el dinero que necesitan sus Partidos para ganar la contienda, pero Bush sabe que el Republicano está artísticamente mejor dotado para la producción y puesta en marcha de la obra.

No es un secreto que Hillary, al igual que su esposo, es una conservadora declarada que si no ha hecho más por demostrarlo es porque no ha asumido la presidencia. Su esposo, el ex Presidente Bill Clinton, no sólo estuvo a la derecha de Carter sino que se le fue la mano y aventajó a Nixon.

No son puras palabrerías, porque fue precisamente durante la presidencia de Clinton que se sentaron las bases para la crisis del 2008, cuando se eliminaron regulaciones sensibles que permitieron a Wall Street llevarse la luz roja de ciertas normas económicas elementales. No robaron los bancos porque eran de ellos, pero le robaron a quienes depositaron sus ahorros y salarios. Y lo hicieron de una manera tan delicada que al final todos tenían sus dineros, excepto que este circulante ya no contaba con la capacidad de compra que pocos años antes había tenido.

Jeb Bush a su vez es el conservador moderado capaz de salvar al Partido Republicano de las veleidades que lo han dividido y quizás opacar a algunos de los causantes de esa división, como al cubano de origen Ted Cruz, o al otro cubano de origen, heredero de un anticastrismo que no le cuadra ni entiende, llamado Marco Rubio.

En estos tiempos no se trata de ser Demócrata o Republicano. Al ciudadano no le queda otra alternativa que enfocarse en la carrera que siguen ambos Partidos, pero buscando al propio tiempo consensos fuera de estos dos contendientes “hermanos”, para encontrar nuevos horizontes políticos.

Tampoco es cuestión de romper con los Demócratas, quienes mantienen ciertas políticas dentro de su conservadurismos Siglo XXI, que favorecen más a determinados sectores necesitados como los inmigrantes, los negros y otras razas en general.

La ciudadanía estadounidense se encuentra en una fase de tránsito que reclama a gritos un nuevo New Deal. Si la camina sin apasionamiento, sin temor de decir y diciéndolo sin herir, sino con propósito de ser escuchada, hará posible la jornada.

Así lo veo y así lo digo.

*Lorenzo Gonzalo, periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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