93 años de Fidel Castro y el mito de la paloma mesiánica
Historia
Martes, 13 de Agosto de 2019

Canal Caribe.- La paloma posada en el hombre del Comandante es uno de los mitos que acompañaron su figura política. Hoy también lo es la que se posa sobre su tumba.

 

Estudiar a Fidel: Balance para hacer

Felipe de J. Pérez Cruz

Nació el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz (1926-2016), un 13 de agosto, en la finca Birán, perteneciente a la antigua provincia de Oriente, hoy en Holguín. El nuevo aniversario de tan feliz acontecimiento encuentra a Cuba en un trascendente momento de ruptura y negación dialéctica. Ya el Comandante no está con nosotros para brindarnos sus soluciones frente a los nuevos retos. Esa, ahora, es una tarea de todos y todas. Avanza un nuevo modelo de socialismo –en el que sabemos trabajó Fidel-, que acertadamente subraya y realiza en la práctica la continuidad de principios y obra.

Fidel no quiso que lo recordáramos en tarjas y monumentos, ni que nombráramos en su honor instituciones, calles y plazas (1), una Ley de la República refrenda su voluntad (2). Fidel nos dejó explícita la tarea de pensarlo y actuarlo. En tal aprendizaje y praxis colectiva, debemos hallarnos en misión y medios, en precisión de lo que cada revolucionario cubano debe y puede hacer. En tal dirección me interesa compartir los criterios de tarea que me convocan en el orden personal y gremial.

La Revolución Cubana, insistió en señalar con sobrada razón el Comandante en Jefe, es obra de millones de patriotas, de la voluntad, audacia e inteligencia de un pueblo con una historia de más de ciento cincuenta años de lucha. A esta inobjetable verdad apelaba una y otra vez, el líder de la Revolución Cubana cuando de evaluar su papel en la historia se trataba. Y hasta muy recientemente, los historiadores y cientistas sociales cubanos, hemos estado subyugados tanto por el argumento de modestia de Fidel, tan objetivamente real, como la propia realidad subjetiva de sentir al Comandante de todos los cubanos patriotas, como algo tan nuestro y a la vez tan íntimo, que todo intento de “estudio” nos paralizaba, con el temor–como diría Julio Antonio Mella (1903-1929) en sus Glosas al Héroe Nacional José Martí Pérez (1853-1995)- de no hacer lo que su extraordinaria obra y la necesidad de la lucha imponen.

Hoy estamos más preparados para entender que la verdad del sujeto colectivo, coexiste con otra no por singular menos objetiva: el protagonismo personal de Fidel realmente es la más significativa peculiaridad de la Revolución Cubana. De fuerza telúrica le han catalogado con las certezas de la realidad y la poesía.

Estudiar a Fidel en su pensamiento y obra, develar y asumir lo grueso y lo fino del legado fidelista, resulta un desafío que abre para los cientistas contemporáneos y las generaciones revolucionarias presentes y futuras un apasionante campo de trabajo. Ahora quienes nos adentremos en el estudio de su figura y pensamiento, tenemos la responsabilidad de ser fieles a su voluntad de modestia, y cuidarnos más que nunca, de la equivocación de convertirlo en icono, en culto y teleología.

El campo para los estudios sobre Fidel

El campo para los estudios es inmenso: con el pensamiento Martí por guía y estandarte, Fidel interpretó la necesidad histórica y el sentir profundo de las masas populares cubanas, luego de la derrota de un primer intento de revolución republicana en los años treinta del pasado siglo. En vísperas del centenario del nacimiento del Apóstol, emprendió su propio proyecto de lucha popular y antimperialista, frente a la conducción antinacional y corrupción de la política burguesa. La propia praxis revolucionaria en el vórtice de los acontecimientos, le permitirían a madurar como pensador revolucionario, diseñar y poner en ejecución un novedoso proyecto educativo, cultural y revolucionario, que forjó en su seno las fuerzas de clase que pusieron fin al capitalismo en Cuba.

En medio de la crisis del sistema demoliberal neocolonial que precipita el Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 y la dictadura de Fulgencio Batista Zaldívar (1901-1973), Fidel inició la insurrección revolucionaria el 26 de julio de 1953. A cinco años, cinco meses y cinco días de aquella primera acción armada, alcanzó la rotunda victoria del 1 de enero de 1959. Fidel se convirtió por sus hechos y la voluntad popular, en el líder de la Revolución Cubana.

Desarrolló Fidel las características del héroe popular. La valentía personal y la intrepidez lo caracterizaron y le convierten en una figura de leyenda. Contra Fidel, los gánsteres que de joven enfrentó en la Universidad de La Habana, los servicios criminales de la dictadura, y definitivamente la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y su Entente de terrorismo anticubano, radicada en el territorio estadounidense, planificaron no menos de 650 planes de asesinato, y un centenar de estos fracasaron durante su organización y ejecución (3).

Fidel definitivamente fue un gigante de la Historia: líder de la insurrección, estratega de las victorias militares y políticas que derrotan a la dictadura y preservan la victoria ante los planes golpistas alentados por el Gobierno de los Estado Unidos, forjador de la unidad ideológica y política, de la ética humanista del socialismo cubano, fundador del Estado Socialista y del nuevo Partido de todos los revolucionarios, educador por excelencia de la vanguardia y del pueblo, artífice de la Revolución Cultural y Educacional Cubana, impulsor de los medulares logros en la ciencia y la tecnología, la salud pública, el deporte y la seguridad social. Desde la segunda mitad del Siglo XX a la fecha, ha marcado la historia política de Cuba, América Latina, África y el mundo.

El Comandante libró con el pueblo patriota, una lucha constante de ribetes épicos contra el imperio estadounidense. Derrotó a los imperialistas en su política de agresión, bloqueo y terrorismo de Estado. Con la impronta fidelista la Revolución sobrevivió, supo dar felicidad y oportunidades a sus hijos e hijas, porque Fidel no dejó espacio a la complacencia, y halló fórmulas y caminos para reproducir, crecer y auto perfeccionar su propia obra. Ningún país en la época contemporánea ha sido sometido a un bloqueo genocida y a la agresión terrorista, de la magnitud del que vencemos día a día los cubanos, y Fidel es el genio y el símbolo de esa proeza.

Primero que los dirigentes de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Fidel percibe el agotamiento de los mecanismos económicos y políticos del modelo soviético, y desarrolla en la Cuba de 1985-86, la revolución conceptual, profunda y abarcadora del proceso de rectificación de errores y tendencias negativas. Cuando la labor enemiga externa y la traición a la URSS de sus máximos líderes, aceleran la implosión del sistema soviético, su derrota y desaparición, Fidel se convierte, en el más alto paladín de la resistencia y el optimismo histórico. Una vez más se situó a la vanguardia y condujo la nueva epopeya de la resistencia en el período especial, con sus batallas de hechos, ideas y resultados. Por vivirlo no nos percatamos: Con Cuba, Fidel salvó la idea, la esperanza, la validez del proyecto socialista en este hemisferio.

Con el liderazgo de Fidel, el país alcanzó una dimensión internacional que hasta hoy asombra. Fundador de la diplomacia revolucionaria, colocó los principios de dignidad, independencia, soberanía, antimperialismo, internacionalismo socialista y solidaridad de nuestro pueblo, como valores supremos en la conducción de las relaciones internacionales, en un mundo que se media por correlaciones de fuerzas militares y económicas. En su ejercicio de política exterior revolucionaria, asumió una posición de reconocido liderazgo, en defensa de los pueblos del llamado Tercer Mundo, contra las políticas colonialistas, neocolonialistas y de globalización neoliberal. Los cubanos y cubanas con la convocatoria de Fidel, desarrollaron colosales campañas de internacionalismo, solidaridad y colaboración, sin antecedentes ni émulos en la historia universal.

El balance de conocimiento que nos debemos

En las Ciencias Sociales cubanas nos debemos un buen balance sobre lo que hemos hecho sobre Fidel. El conocer lo que tenemos y el saber lo que nos falta resulta imprescindible. En lo que ese balance se realiza, me permito compartir mis evaluaciones.

En vida de Fidel se avanzó notablemente en la biografía y la sistematización temática de sus discursos y documentos. Y comenzamos aún muy tímidamente a explicarnos a Fidel. Expresé entonces mi criterio sobre la importancia de hacer y publicar más biografías, en particular profundizar en la Guerra de Liberación, y en las etapas posteriores al triunfo de enero de 1959, hoy reitero esa necesidad. Luego del deceso de Fidel, hemos asistido a una enriquecedora profusión de testimonios, reacción esta que debe continuar estimulándose, y sobre todo preservar y archivar en todos los soportes posibles.

Las biografías, las compilaciones de discursos y escritos y los testimonios, constituyen importantes aportaciones, pero no agotan la expectativa y necesidad de conocimiento y rescate de la memoria colectiva sobre el Comandante en Jefe, más bien repotencian la avidez de saberes: Lo avanzado nos permite pasar de la constatación, al estudio de interpretación y creación, a la develación de las claves personológicas, ideológicas, filosóficas, históricas, educacionales y culturales, siempre éticas y políticas que hicieron posibles los aportes de Fidel. Se precisa completar y proyectar los esfuerzos realizados, con estudios historiográficos, filosóficos, pedagógicos, multi y transdisciplinares de más amplio espectro.

La perspectiva martiana con la que Fidel se acercó al marxismo, le posibilitaron arribar al socialismo científico desde un fuerte sustrato axiológico, y le permitieron sustraerse de las vulgarizaciones economicistas y dogmatizantes que predominaban en la teoría y la práctica del PCUS y de los partidos comunistas de la época. La teoría y la praxis fidelista en la consolidación del socialismo cubano, los debates que ello suscitó dentro y fuera del país, y lo que nos sugiere para nuestra contemporaneidad, resultan zonas casi inexploradas en los estudios sobre Fidel. Esta tarea tiene antecedentes importantes en iniciativas como los Talleres “Fidel Castro Ruz: Pensamiento Sociopolítico” realizados en el Instituto de Filosofía (1995-1999), pero la acción de inteligencia colectiva carece de respuestas de continuidad, profundidad y masividad.

Existe consenso en considerar que el socialismo en el siglo XXI, precisa de las fundacionales y de nuevas fuentes: como lo hizo el leninismo en la época de Revolución de Octubre, el fidelismo -si así decidimos identificar al conjunto del legado de Fidel-, como síntesis histórica y expresión caribeña y latinoamericana del marxismo, posee una vigencia y trascendencia planetaria. Pensar al Comandante en su aporte a la prospectiva del socialismo cubano y americano resulta responder a un reto impostergable.

Aprecio que en el campo pedagógico crecen los estudios fidelistas, pero en otras ciencias no percibo similar dinamismo. Falta un programa nacional de ciencia que se dedique a estudiar al Comandante. No conozco cuántos proyectos asociados a los programas nacionales fijan su atención en la figura de Fidel, su pensamiento y obra. Tampoco poseo la cifra de cuántos proyectos institucionales, de cuántas tesis de doctorado, maestría y licenciatura dedicamos a Fidel. Que carezcamos a lo mínimo de un balance de lo hecho, es ya una debilidad de partida. Tampoco contamos con un inventario de lo que transcurre y su perspectiva.

No podemos continuar sin evaluar cuanto de positivo nos pueden aportar los estudios hechos en el exterior. En su precisión, tener bien definidas cuáles son las claves del ataque enemigo, y no me refiero a la bazofia que publican los mercenarios pagados por la mafia cubano americana y la más recalcitrante derecha mundial, sino a las elaboraciones que se producen por nuestros adversarios en el campo ideológico cultural, las que se pagan y maduran en los laboratorios de las agencias de la subversión, y están diseñadas para el consumo de la academia cubana e internacional, las que pretenden hacerse del espectro informativo y formativo dentro y fuera del país, con el engaño de pretendidas asepsias e imparcialidades “científicas”.

El movimiento de Cátedras de estudio que ha surgido a partir de la desaparición física de nuestro líder, posee potencialidades para asumir las tares de ciencia y conciencia que refiero. Se precisa resolver la espontaneidad que aún prevalece en las convocatorias, y trascender lo propiamente honorífico y conmemorativo, pero sin dudas estamos ante un alentador movimiento.

Lo objetivo y lo subjetivo

El libro de Ciencias Sociales es hoy un problema por resolver. A las editoriales llegan numerosos y buenos textos, que no siempre logran su salida editorial. A su vez ocurre que hay libros terminados por las editoriales, que la industria no garantiza imprimir. En este panorama la publicación y promoción de lo que hacen nuestros cientistas sobre Fidel es mínima. Conozco de tesis muy sólidas defendidas en los últimos años que no han encontrado la posibilidad de su edición y promoción masiva. Hay iniciativas de edición en libros electrónicos, pero los costos del soporte digital, las limitaciones en redes y la política de comercialización, entre otros factores, se constituyen en barreras para la divulgación masiva.

Como nuestras editoriales, las revistas -sobre todo las certificadas-, están abarrotadas por la avalancha de excelentes artículos que produce la academia cubana, sobre los más diversos, interesantes y necesarios temas, y tal suficiencia no favorece la proyección y gestión editorial. Una rápida búsqueda sobre el tema de Fidel en los programas de los eventos nacionales e internacionales realizados en Cuba en el último quinquenio, convocados directamente por el Ministerio de Educación Superior (MES), el Ministerio de Educación (MINED), las universidades, el Instituto de Filosofía, el Instituto de Historia de Cuba, la Academia de Ciencias de Cuba (ACC), la Academia de la Historia de Cuba (AHC), la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC), la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP) y otras instituciones y asociaciones de ciencia, permite listar unos 40 trabajos, de estos, en las revistas en red y en los catálogos disponibles, solo encontramos seis, a los que suman los que fueron compilados por Olga Fernández Ríos desde la SEAP, en el libro electrónico Revolución y socialismo en el presente: reflexiones desde el pensamiento y la obra de Fidel Castro (Editorial La Pupila Insomne, La Habana, 2017).

Las dificultades en el “patio” se reproducen a escala en cuanto a la difusión internacional. Ni soñar que las grandes editoriales y las revistas certificadas de las empresas e instituciones académicas financiadas por el capitalismo mundial, aporten sus páginas para publicar sobre Fidel. Las excepciones que hemos logrado confirman “la regla”.

Enfrentamos una colosal maquinaria de dominación y colonialidad de la información y el saber. Los motores de búsqueda en Internet expresan tecnológicamente esa dominación. En inglés y en sitios occidentales están siempre las primeras páginas de cualquier búsqueda. Fidel se conoce en ese idioma y lo primero que siempre se nos oferta es Wikipedia. Al buscar en idioma español también lo primero serán las traducciones tipo Wikipedia. A pesar de tanta discriminación, la red de redes es un espacio de pelea para el pensamiento y la información veraz de la Revolución.

En la batalla por nuestro derecho a informar y educar en Internet, mención especial merece nuestra enciclopedia Ecured, con excelentes artículos en los que se explican la vida y obra de Fidel. La puesta en línea del sitio web Fidel Soldado de las Ideas ha representado un importante paso en la divulgación y defensa del fidelismo. Resulta significativa la atención que presta a Fidel el periodismo y la blogosfera revolucionaria cubana, pero estos mundos digitales por su función y dinámica no pueden sustituir ni el hacer divulgativo ni las misiones del espacio propiamente académico; desafortunadamente esta demanda no ha sido cubierta. La presencia de los cientistas en Internet es pobre, y si de Fidel se trata resulta mínima.

Me congratula que la única bibliografía sería sobre Fidel a la que nos llevan los buscadores de Internet, sea la hecha por los camaradas de esa fortaleza de la ciencia y el pensamiento continental que es el argentino Centro de la Cooperación. Me apena que no hayamos sido capaces los cubanos de colocar en red una y diez bibliografías.

Lo decisivo no tiene terceros

Una debilidad en nuestro actual movimiento de ideas y acciones, está en que hay valiosos compañeros que sienten y precisan las necesidades que tenemos de acometer respuestas para una y otras problemáticas, pero esperan que sean otros los que las atiendan y resuelvan. No son pocos los que miran hacia el Partido, el Estado, el Gobierno y sus responsabilidades ineludibles como sujetos colectivos en la dirección de la Revolución. Soy de los que opina que las soluciones de “terceros”, comienzan con el compromiso y la labor personal que cada cual pueda emprender. Y que las acciones de la dirección de la Revolución, siempre precisan para su éxito, de la participación, el compromiso y empuje del actor mayor, del que se constituye con la iniciativa y la cohesión de cientos de personalidades protagónicas.

Si de Fidel se trata, invito a incorporarnos a su estudio y promoción, en un hacer colectivo de pensamiento y reflexión. A su vez no puede continuar el hecho triste de que quienes estudian a Fidel y tienen resultados de impacto, no encuentren cómo hacerlos llegar a las bibliotecas escolares, a los centros de documentación, a los maestros y estudiantes, a los cuadros, a nuestro pueblo que está ávido de saberes y reflexiones sobre su líder.

Desde el trabajo, nos compete además, contribuir a unir, organizar y compartir soluciones, educar y exigir en el respeto y atención que merece el estudio. Como en la mayoría de los frentes de la actividad revolucionaria, aquí se manifiesta la importancia de articular y repotenciar lo que realmente tenemos. Si la ingeniería y el soporte nos respalda, no hay razón para que la Biblioteca del sitio Web Fidel. Soldado de las Ideas, el 9 de agosto del 2019 solo contenga 393 materiales, y que en estos no estén sólidamente representados los resultados de los cientistas cubanos, ni las ponencias que defienden en eventos realizados en Cuba y el exterior, incluso que no se hayan incluido artículos publicados en revistas y sitios que están en la red de redes.

No tardará el sistema de ciencia, los Polos, las universidades y las instituciones académicas, también en este campo, que marcarán un cambio cualitativo. El nudo editoriales-producción pasa por la situación complejísima que agudiza la agresión económica del imperio, y deberá resolverse en lo inmediato, en aquello de lo que no pueda culparse al bloqueo. Las publicaciones en red solo precisan de la gestión en y desde los equipos de edición y los órganos de validación científica. Sé de un regalo precioso en el que trabajan desde hace meses directivos, constructores, museólogos, documentadores e investigadores del legado fidelista… Esperemos las buenas noticias haciendo!

Para qué estudiar a Fidel

Resulta fundamental que comprendamos que la investigación y el estudio de la vida y obra del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, no puede ser un fin en sí mismo. El nuevo conocimiento se precisa para fortalecer la Historia, la memoria y el análisis táctico-estratégico, para que Fidel perviva y continúe acompañándonos con su sabiduría, para estar orgullosos y comprometidos, exhortándonos a pensar propositivamente, a luchar contra nuestros errores, a mantener incólumes los principios martianos y comunistas de justicia social, emancipación y dignificación humana, para crecer y vencer.

Notas:

  1. Fidel fallece el 25 de noviembre de 2016.
  2. El 27 de diciembre de 2016 fue aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular la Ley sobre el uso del nombre y la figura de Fidel Castro Ruz.
  3. Los servicios de la Seguridad del Estado cubanos contabilizaron hasta el 2007 un total de 638 intentos de asesinato contra Fidel.

 

Fidel, una criatura excepcional

Elier Ramírez Cañedo, Wilmer Rodríguez Fernández - Cubadebate

“He vivido, enseñado y aprendido en muchos países, publicado más de veinte libros, conversado con centenares de personas, pero nada fue, ni desde lejos, tan importante como haber conocido a Fidel”, confesó el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, a menos de dos meses de su muerte, en su última entrevista.

Solo por el hombre del que hablaríamos aquella tarde de mayo él aceptó la entrevista. Fue hace apenas tres meses cuando llegamos a su casa del Vedado, allá por las calles H y 23, y desde el saludo de su hija en el portal comprendimos que Roberto Fernández Retamar, uno de los intelectuales más lúcidos de Cuba, no estaba bien de salud, pero a pesar de ello nos recibiría para ir tras sus recuerdos y anécdotas de Fidel.

No fue la nuestra una conversación de butacas y tazas de café, sino una mucho más íntima, de esas donde los hombres se abren el pecho a todo dar y sacan de lo más hondo las palabras que quieren que el viento no se lleve y perduren como escritas en las piedras. Allí, donde atrapó los últimos sueños y desvelos encontramos a Retamar, enfermo, acostado en su cama, rodeado de libros, pero lúcido y decente como siempre.

“Dentro de unos días voy a cumplir 89 años, edad a la que llegaré si los dioses son propicios, porque últimamente me han ocurrido muchísimas cosas”, fue de las primeras ideas que nos dijo; y así, como robándole minutos a la vida durante casi dos horas lo escuchamos hablar del Fidel que vio por vez primera en su juventud universitaria, y del guerrero, estadista e intelectual que nació y creció en la lucha revolucionaria, y se convirtiera después en su amigo.

A sus 88 años entre letras y batallas, Retamar confesó que había vivido, enseñado y aprendido en muchos países, publicado más de veinte libros, conocido centenares de personas, pero nada fue, ni desde lejos, tan importante como haber conocido a Fidel, “una criatura absolutamente excepcional que, para mí, solo es comparable con Simón Bolívar y con José Martí, esa es la tríada gigantesca de nuestro continente.

Roberto Fernández Retamar: Hace poco me pidieron que inaugurara una actividad en la Casa de las Américas, por el sesenta aniversario. No podía hacerlo —estoy encamado por problemas de salud—, pero yo había grabado algo, y pasaron esa grabación, en la que yo terminaba mencionando esa extraordinaria observación de Carlos Marx de “el viejo topo de la historia”.

Marx decía que la historia tiene más imaginación que nosotros, y hay el viejo topo de la historia, que uno no sabe dónde está trabajando. Y entonces, yo ponía el ejemplo: bueno, fuera de Fidel y algunos héroes legendarios, ¿en 1958 quién hubiera dicho que meses después se iba a desatar una de las grandes revoluciones de la historia? ¡Nadie! Bueno, Fidel sí.

Elier Ramírez: Hasta el punto de que ya en abril de 1961 se estaba declarando el carácter socialista de la Revolución, mucho menos imaginable, ¡era un imposible!

Roberto Fernández: O sea que realmente creo, como Marx, que la historia tiene más imaginación que nosotros y creo en “el viejo topo de la historia”. No sabemos en qué país, en este momento, está ocurriendo algo que puede desembocar en una cosa extraordinaria, así ha pasado.

El 24 de octubre de 1917, nadie en Petrogrado pensaba que unas horas después iba a estallar la Gran Revolución. Pero Lenin posiblemente sí. Lenin, como Fidel, vio lejos, ¿no? Había quien decía, hubo un gobernante de Argelia que decía: Fidel va al futuro, regresa y luego lo cuenta (Risas).

Elier Ramírez: Buteflika.

Roberto, yo creo que le explicaba, más o menos, lo que estamos haciendo, la intención que teníamos de empezar a hacer todas las entrevistas que podamos de vivencias, anécdotas, valoraciones sobre Fidel y sobre todas las personas que compartieron, en alguna medida, su época, compartieron con él, porque nos parece imprescindible para hoy y para el futuro.

Roberto Fernández: ¿Tú recibiste el libro, que tiene un texto tuyo y yo le hice el prólogo?

Elier Ramírez: Sí, cómo no, con el prólogo, excelente el prólogo suyo, los trabajos también.

Roberto Fernández: Muy bueno, útil, realmente.

Elier Ramírez: Se presentó en la Casa de las Américas, yo estuve allá.

Roberto Fernández: Lo malo que tiene ese libro que, realmente, me disgustó mucho, es la portada.

Siendo Fidel un hombre de aspecto tan extraordinario, las fotos de Fidel son memorables, solo comparables con las fotos de Mella que hizo Tina Modotti, o algunas del Che; por qué hacer un dibujo malísimo, en lugar de una foto.

Elier Ramírez: A mí tampoco me gustó la portada. Una portada fría, incluso.

Roberto Fernández: Fría, fría completamente. Pero el libro es útil.

Elier Ramírez: El contenido está muy bueno.

Roberto Fernández: El libro es útil, el trabajo ahí es bueno, realmente.

Y hay que hacer muchas cosas de esas, hay que mantener viva la memoria de Fidel. Se murió, como se murió Bolívar, como se murió Martí. Pero sin Martí no podríamos vivir, y sin Bolívar tampoco.

Elier Ramírez: Ciertamente.

Roberto Fernández: Es decir, Martí sigue siendo… Ya sabemos que todo el mundo se muere; pero no todo el mundo desaparece.

Yo estoy ahora leyendo mucho sobre Martí, de nuevo, me he pasado la vida leyendo sobre él, desde que yo tenía 12 años, porque me han pedido el prólogo del Diario de Campaña, traducido al francés. Me estoy leyendo muchas cosas y me he encontrado algunas sorpresas. Me he llevado algunas sorpresas.

El Diario de Martí, el llamado Diario de Campaña. Bueno, le han llamado ahora Diario de Campaña a dos diarios, el que él escribió de Santo Domingo a Cabo Haitiano, y el que él escribió de Cabo Haitiano a Dos Ríos, que es el auténtico Diario de Campaña. Entonces, ese último no apareció. Y en el año 1941 —aunque dice la portada que es en 1940, pero el colofón dice que es en 1941— apareció el Diario de Campaña de Máximo Gómez y, sorprendentemente, en el Diario de Campaña de Máximo Gómez, aparecía estampado el Diario de Campaña de Martí.

Evidentemente, un combatiente llamado Ramón Garriga —que era el que tenía el diario—, se lo dio a Gómez, como es natural, y Gómez hizo lo que tenía que hacer, lo cogió.

Entonces, yo tengo ahí la primera edición del Diario de Campaña de Gómez, que he leído muchas veces. Gómez que, por cierto, también era una criatura excepcional. No, y Maceo, ¡eran extraordinarios! Parece mentira que Cubita haya dado tanta gente maravillosa. En ese diario aparece el Diario de Martí. Pero el día 6 de mayo —o sea, el día siguiente de la reunión en el ingenio Mejorana—, aparecen ahí cuatro páginas en blanco, es uno de los grandes misterios de la historia de Cuba. ¿Qué pasó con esas cuatro páginas, las arrancó Martí, las arrancó Garriga, las arrancó Gómez? No se sabe.

Elier Ramírez: ¿Los familiares de Gómez? Ahí no se sabe, sería especular.

Roberto Fernández: Pero, hace un tiempo, en el anuario martiano, cuando lo dirigía —que lo dirigía muy bien— Cintio Vitier, salió un trabajo de una persona que no conozco, que se llama Abdiel Berrío y él sostiene ahí una tesis bastante impresionante. Dice que muerto Martí el día 19, inmediatamente Gómez, que no pudo vencer a Sandoval —porque tenía una tropa grandísima—, regresó.

Gómez le había dicho a Martí: “Quédese aquí”, prácticamente le había dado la orden de que no se incorporara a la lucha, lo que era lógico; pero Martí no hizo caso, y a Martí después lo mataron.

Cuando regresa Gómez, busca a Martí, no lo encuentra y le cuentan lo que ha ocurrido. Gómez queda desolado, y al día siguiente, un periodista norteamericano —los periodistas norteamericanos estaban en las tropas cubanas— le hace una entrevista a Gómez. Y recuerdo que en esa entrevista —que salió en un periódico norteamericano famoso, pero, además, se tradujo y salió en La Habana y también en muchos lugares, traducido— Gómez dice: “Si Martí se hubiera quedado conmigo, estaría vivo.” Él estaba vestido —no estaba vestido de campaña— con bombín, zapatos y todo, porque él debía salir hacia los Estados Unidos.

Parece que en Mejorana —eso no se dice, esas cuatro páginas arrancadas tienen un misterio particular—, parece que en Mejorana, Gómez y Maceo acordaron, una cosa que es hasta cierto punto irracional, que Martí no pintaba nada en la guerra y era fundamental en la preparación; pero, por otra parte, Martí no quería que lo acusaran de ser un guerrero de salón. La lucha es complicada, y parece que Martí, incluso, le dice a Maceo: “Bueno, déjeme escuchar el primer tiroteo, por lo menos.”

Bueno, lo cierto es que Martí está vestido, y por eso… A mí me llamaba la atención… Hay una escultura que hizo una norteamericana —que Eusebio Leal trajo aquí—, de Martí muerto a caballo, y está vestido con traje de gala. Y yo me dije: Esta mujer se equivocó. Martí estaba vestido como… No, no se equivocó, Martí estaba vestido con traje de gala, porque se iba, efectivamente, para Jamaica, posiblemente vía Santiago. Entonces, eso ha quedado así en el aire.

No sé si tú conoces un libro francamente maravilloso, de un autor joven llamado Froilán Escobar, ese libro lo conocen pocos, se llama Martí a flor de labios.

Elier Ramírez: Martí a flor de labios, ¡lindísimo!, yo lo leí.

Wilmer Rodríguez: Hace unos 20 años que se editó, en el noventa y tantos.

Roberto Fernández: Es un libro increíble.

Elier Ramírez: Pero se volvió a editar creo en los 2000, por la editorial Abril.

Roberto Fernández: Dice Cintio: “este libro es un prodigio…”

Elier Ramírez: Martí a flor de labios, es precioso.

Roberto Fernández: “…el único que lo hubiera podido prologar es José Martí” (Risas).

Entonces, en una de esas conversaciones de los muchachos, una de las últimas, un muchacho cuenta que Martí está vestido de calle, porque se iba, salía de Cuba. O sea, una versión más de que se iba.

Siendo así las cosas, ¿qué llevó a Martí a lanzarse a la batalla? Quería morir en batalla y no morir fuera, que le hubieran dicho horrores: cobarde, abandonó la guerra. Él sabía todas esas cosas, los enemigos lo iban a tratar… Entonces, entre esa opción y morir peleando, él prefería morir peleando; el revólver que llevaba no disparó una sola bala.

Entonces, esto no voy a tratarlo en el prólogo del Diario, pero me ha conmovido mucho leer todos esos materiales.

Fidel Castro junto a Roberto Fernández Retamar. Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

Elier Ramírez: ¿Usted ha leído Dos Ríos: a caballo y con el sol en la frente?, de Rolando Rodríguez.

Roberto Fernández: Sí, sí.

Elier Ramírez: Porque él encontró los papeles que llevaba Martí arriba. Incluso él maneja la hipótesis de que Martí quería presenciar, escuchar las balas, dar el ejemplo. Martí decía: “Yo evoqué la guerra, mi deber empieza con ella, lejos de terminar”, pero que quería incluso llegar a Camagüey, a hacer gobierno en Camagüey y después entonces valoraría su destino.

Roberto Fernández: Así le dice a Mercado. Llevaba la carta a Mercado encima. Esa carta nunca la conseguimos los cubanos, esa carta la consiguió un militar español que se llama como nuestro amigo, Enrique Ubieta, supongo que no tiene parentesco ninguno, pero, bueno… Y este español, como español —como entonces se decía— pundonoroso, guardó todos los materiales de Martí e hizo publicar la carta a Mercado, y así la conocimos nosotros, que no tenemos la carta, pero que quedó inconclusa: “…Hay afectos de tan delicada honestidad…” Ahí termina. Entonces, me ha quedado la duda de si realmente era así, si Martí estaba obligado a irse. Porque todo el mundo tenía razón ahí, Gómez y Maceo tenían razón, porque, ¿qué pintaba Martí en medio de la guerra? Y Martí tenía razón, porque él quería estar en la guerra y no fuera.

Yo una vez tuve una conversación —ahora voy a citar a Fidel—, estábamos en una embajada, creo que en Uruguay, estábamos Fidel y yo, y durante un breve tiempo yo tuteé a Fidel; la mayor parte del tiempo, como es natural, le decía usted, pero en ese momento, no sé por qué, yo lo tuteaba, y surgió el tema de la muerte de Martí —todos los cubanos lo llevamos en el corazón siempre— y dijo Fidel: “Martí no debió haber ido nunca a la guerra.” Yo me quedé empavorecido y le dije: Fidel, la última persona en la Tierra que puede decir eso eres tú, porque si tú no vienes a pelear a Cuba tú no puedes dirigir la Revolución Cubana.

Pero el otro día una amiga me hizo una observación muy inteligente, que posiblemente era lo que estaba en el corazón de Fidel, porque lo que sentía Fidel por Martí era como hacia un padre, porque Fidel no quería que le mataran a su padre.

Elier Ramírez: Quería protegerlo hasta cuando ya no estaba.

Roberto Fernández: Esa debe ser la verdadera razón, porque a Fidel eso le bastó para darse cuenta de que Martí tenía que dirigir la guerra para poder dirigir la república, y él quería que la república naciera de las entrañas de la guerra, como no fue el caso, para nada; la república vino a salir de las entrañas de la guerra en 1959, que se hizo la república que Martí quería.

Bueno, vamos a comenzar entonces.

Yo estaba pensando, si a ustedes les parece bien, en lugar de enumerar…, hablar de distintos modos, de distintas cosas.

Wilmer Rodríguez: Una conversación.

Roberto Fernández: Dentro de unos días voy a cumplir 89 años, edad a la que llegaré si los dioses son propicios, porque últimamente me han ocurrido muchísimas cosas.

He visitado países en casi todos los continentes, he vivido en algunos de ellos, aparte de Cuba; he enseñado y aprendido en muchos de esos países también. He publicado más de veinte libros. He conocido centenares de personas, pero nada es, ni desde lejos, tan importante para mí como haber conocido a Fidel, una criatura absolutamente excepcional que, para mí, solo es comparable con Simón Bolívar y con José Martí, esa es la tríada gigantesca de nuestro continente.

Sin embargo, como había una pequeña diferencia de edad entre nosotros, en la universidad donde estudiamos no nos llegamos a conocer, él estudiaba Derecho y yo estudié primero Arquitectura un año y después Filosofía y Letras, ya él era alumno por la libre, o sea, que no asistía regularmente a clases, sino que iba a exámenes, de manera que nos vimos pocas veces, pero nos vimos, incluso pertenecíamos a algunas instituciones: por ejemplo, la FEU tenía un sector favorable a la liberación de Santo Domingo en el Comité Pro Democracia Dominicana, y Fidel pertenecía a este comité.

Había otro comité pro república española y yo pertenecía a ese comité. Lo primero hizo que Fidel se involucrara en lo que iba a ser conocido como la expedición de Cayo Confites y que se sintiera moralmente obligado a participar en esta expedición, que desgraciadamente fracasó. Incluso es famoso que Fidel se tiró al agua y logró salir. Una vez le preguntaron: ¿Es verdad que se tiró al agua? Y dice él: “Bueno, si no me hubiera ahogado.”

Además, pertenecíamos al Comité 30 de Septiembre, que lo presidía el Presidente de la Asociación de Derecho, Baudilio Castellanos, que le decían Bilito, y que después con el tiempo sería abogado de los asaltantes al Moncada, una figura…

Pero a pesar de eso nunca nos encontramos, nunca hablamos cara a cara, cosa que lamento mucho, pero sí lo recuerdo muy bien, y lo he contado. En una ocasión en que los estudiantes habíamos tomado la universidad de La Habana —ya no recuerdo por qué motivo, supongo que para impedir que aumentara el pasaje o algo así— y estábamos merodeando por ahí por la universidad, por la Plaza Cadenas, que ahora se llama Ignacio Agramonte, y en la universidad había un teatro universitario muy bueno que hacía sus representaciones en ese sitio, frente a lo que era entonces la Escuela de Ciencias, montaban una tarima y ahí hacían sus obras. Y parece que había sido el día anterior y no habían desmontado la tarima, y entonces Fidel se encaramó en la tarima. Me impresionó mucho, porque el perfil de Fidel es el perfil de los héroes griegos, es decir, de Aquiles, aquel que aparece en La edad de oro, de La Ilíada, y entonces empezó a hablar: Compañeras y compañeros; empezó a hablar a favor de la toma, y en un momento dado, cuando llega la…, pero en fin, ya era mediodía: “Hace mucho calor aquí, así que yo los invito a marchar todos hacia el Palacio Presidencial a hacer nuestras presiones.” Yo me quedé estupefacto, porque era la primera vez que oía a Fidel hablar y realmente era un orador extraordinario, se llevó a la masa consigo.

Ya después no recuerdo más de Fidel. Bueno, vino lo que vino, la preparación del Moncada, el Moncada, etcétera.

Y al triunfo de la Revolución, yo había pertenecido a un movimiento llamado de Resistencia Cívica, donde mi hermano Manolo tenía un papel muy destacado, ese hermano era íntimo de Camilo, porque éramos del mismo barrio, y nunca se perdonó no haber acompañado a Camilo en la Sierra. Yo le dije: Pero, Manolo, tú hiciste una tarea importante. “Sí, pero tenía que haber estado con Camilo”.

Cuando Camilo bajó de la Sierra fue a ver a los padres, y Manolo, que era íntimo de él, también fue a ver a los padres y se encontraron los dos, y la escolta de Camilo palanqueó para matar a Manolo, porque Manolo se tiró sobre Camilo y Camilo dijo: “No, no, no, es mi hermano, es mi hermano.” Entonces Camilo le pidió que lo acompañara en el ejército, y Manolo se negó porque le había quedado que no había estado con Camilo en la Sierra.

Siempre he pensado —el pensamiento es libre— que a lo mejor si Manolo hubiera trabajado con Camilo, no se hubiera muerto Camilo, a lo mejor hubiera habido alguna voltereta ahí, porque eran hermanos; eran unos locos que de muchachos se metían en la manigua a dispararse perdigones, no era para matar. Alguien me preguntó sobre Manolo, que para mí era mi hermano entrañable, el más brillante, el más romántico de todos nosotros, y yo le dije que cuando lo fueron a procesar para el Partido, un amigo entrañable dijo: Manolo no erraba. Manolo era un rebelde con causa. Y yo le dije, cuando me preguntó sobre Camilo: ¿Y acaso Camilo no era lo mismo, un rebelde con causa?

El caso es que al triunfo de la Revolución yo empecé a conocer a algunos dirigentes. Muy someramente conocí a Camilo, muy someramente, pero conocí más profundamente a Armando Hart que era ministro de educación y a su compañera Haydée…, yo iba a trabajar tan entrañablemente unido a Haydée.

Al triunfo de la Revolución la casa de Manolo fue prácticamente un cuartel del Movimiento de Resistencia Cívica, al punto de que la primera vez que Armando Hart salió de la cárcel y llamó por teléfono, llamó a esa casa y fui yo el que salió al teléfono. Yo hice muy buena amistad con Armando que era una persona extraordinaria. Y pasado el tiempo Armando me nombró en un cargo -en esa época había cargos rimbombantes-, que era director de relaciones culturales con el extranjero, tenía una oficina en el Ministerio de Educación y otra oficina en el Consejo Nacional de Cultura. Y extrañísimamente, para mi gran sorpresa, cuando fui a tomar posesión se apareció Fidel. Que yo recuerde fue la primera vez que lo vi después del triunfo de la Revolución. Me sorprendió completamente. Pero Fidel no se cansaba de sorprender y aparecía en cualquier parte, en un bar, en un taller, en una oficina. Creo que esa fue la primera vez que vi a Fidel.

Después, lógicamente, lo vería muchas veces más, no voy a tratar de enumerar todas ellas, pero voy a tratar de mencionar…

Fidel junto a trovadores cubanos. Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

Elier Ramírez: Cuando Palabras a los intelectuales, que usted estaba ahí también.

Roberto Fernández: Claro, cuando Palabras a los intelectuales, que fue en junio de 1961, da la casualidad que yo estaba sentado al lado de donde se paró Fidel a dar su extraordinario discurso, un discurso que sigue siendo una guía; bueno, tú has trabajado sobre eso.

Yo he sugerido en algunas ocasiones una sola cosa: en ese discurso Fidel constantemente está aludiendo a intervenciones de otras personas, hace falta una edición en que se mencione qué es lo que las personas han dicho. Por ejemplo, un escritor católico, Mario Parajón, preguntó qué derechos tendrían los católicos en la Revolución. No sé por qué Lisandro Otero –que se equivocó más de una vez sobre eso- dijo que el que había hablado era Eliseo Diego, que no es verdad, era Mario Parajón. Lisandro también dijo que el primero que habló fue Virgilio Piñera, porque dijo: Voy a empezar a hablar, porque tengo más miedo que nadie. Eso es falso, Virgilio habló mucho después, incluso habló mucho después de mí y me cita a mí en sus palabras.

O sea, hay que, quizás —y a ti te toca eso— hacer otro trabajo político-filológico para rescatar eso tal como fue.

Bueno, el título mismo no se lo puso Fidel y no es un título feliz, no es Palabras a los intelectuales, intelectuales son también los médicos, los ingenieros, los mecánicos, los dentistas; palabras a escritores y artistas, no intelectuales, palabras a escritores y artistas, los que estábamos ahí no éramos ninguna de esas otras cosas que yo mencionaba; éramos escritores y artistas, unos buenos, otros malos, unos excelentes y otros peores, pero todos escritores y artistas.

Valdría la pena, aunque me estoy saliendo de la conversación, hacer una edición rigurosa de esas palabras que fueron realmente la guía de nuestra vida cultural hasta que llegó el llamado “Quinquenio gris”, que fue la traición de esas palabras de Fidel; hasta que nombraron ministro de Cultura a Armando Hart no se retomó el espíritu de esas palabras y continuó la línea, que yo encuentro magnífica, de la vida cultural de la Revolución Cubana. Lo que no quiere decir que no hayamos cometido errores. Pero es así.

Otros encuentros con Fidel. He adelantado que en dos ocasiones me invitó a que lo acompañara a la toma de posesión de dirigentes latinoamericanos, una vez en Brasil y otra en Venezuela. En Brasil recuerdo, particularmente, la brillantez de sus palabras, porque un politicastro español que no voy a nombrar, había dicho ya en el momento de la debacle del campo socialista, etcétera, que Cuba tenía que cambiar, que Cuba tenía que cambiar como cambiaron los demás países llamados socialistas o de lo contrario íbamos a ser como Numancia. Numancia es una pequeña ciudad española –Maguncia y Numancia- que combatieron a los romanos hasta la muerte, se dejaron asar, o sea que lo que decía este politicastro, llamado Felipe González, que si no hacíamos lo que él nos sugería, nos iban a matar a todos.

Entonces Fidel, con su prodigiosa inteligencia y su prodigiosa erudición dijo: No, si tenemos que hacer como Numancia, seremos Numancia a mucha honra, pero nuestra esperanza es ser como el pueblo español, cuando a principios del siglo XIX combatió contra las tropas napoleónicas y las venció; si no fuera por eso, ahora estarían hablando francés. Yo me quedé boquiabierto, realmente era de una inteligencia deslumbrante.

En vísperas de ese viaje a Brasil, los que lo íbamos a acompañar no estábamos con él, estábamos en un local más o menos resguardado y alguien vino a decirme: Fidel te ha nombrado. “¿A mí?” Dice: Sí, dijo: “En la delegación va a ir con nosotros el Quijote cubano.” En lo adelante me siguió diciendo el Quijote.

Pero un tiempo después, precisamente en casa de Armando Hart, estaba Fidel con una serie de invitados extranjeros, y estaba Raúl, y Fidel se dirigió a mí y le dijo a Raúl: “¿Qué te parece, Raúl, el Quijote cubano?.” Dice Raúl: “No, Fidel, él no quiere ser Quijote, él quiere ser Cervantes”. Yo no pensaba que Raúl tuviera ese grato ingenio y en lo adelante Raúl me dijo Cervantes, nunca me dijo Quijote.

Bueno, en el viaje a Venezuela hablamos de muchas cosas, tuvo la gentileza de preguntarme qué tal había estado él. Estuvo, desde luego, muy bien aquí o allá.

En un momento dado una periodista norteamericana le hizo una pregunta tramposa, a la cual Fidel respondió como solemos responder nosotros, los varones cubanos, con cierto rasgo machista, que eso tú sabes que para las feministas es fatal y para las feministas estadounidenses, mortal. Me dijo: “¿Qué te pareció mi intervención?” “Bueno, Comandante, me pareció muy buena, pero debo decirle –esta es mía- que la periodista lo entrampó y le hizo una pregunta a la que usted respondió como hubiera respondido yo como machista”, y él no dijo nada. Pero cuando en Cuba se pasó el documental, no estaba esa parte. O sea, por esas y muchas otras razones es que Fidel sí aceptaba críticas, sí aceptaba comentarios que no siempre coincidían con los suyos.

Yo, por lo general, estuve ciento por ciento de acuerdo con él y así se lo dije; pero en alguna ocasión que acabo de mencionar, en que le hice alguna sugerencia, él era sensible a esa sugerencia. Así que cuando yo oigo decir que Fidel no admite la crítica, no puedo aceptarlo. Yo creo que él sí aceptaba la crítica; por supuesto, había que saber hacérsela, había que ver la ocasión en que se hacía. Mil cosas sabía, como es natural; pero Fidel, por lo general, aceptaba grandiosamente…, también era sensible a alguna crítica.

En otras ocasiones, saltando así de palo pa’rumba, cuando murió Haydee, Fidel tomó la costumbre de invitar al Palacio de la Revolución, a principios de año, a los miembros del jurado del Premio Casa de las Américas y estuvo haciéndolo durante muchos años. Y, claro, a mí me correspondía presentarle a ese jurado, así que teníamos una relación on él muy estrecha, y él era de una generosidad con ese jurado, les contestaba, a todos les preguntaba, se pasaba hasta la madrugada hablando con ellos. La capacidad de persuasión, la capacidad de bondad de Fidel era infinita.

Wilmer Rodríguez: Fidel, además de ser un político, de un guerrillero, era un intelectual. ¿Qué valoración hace usted de ese hombre de letras y de pensamiento que fue Fidel?

Roberto Fernández: Más de una vez le dije: “Usted no es solo un guerrillero, usted es un intelectual”, y no le gustaba, no le gustaba que le dijeran eso. Por supuesto que lo era, era un superintelectual, pero no le gustaba que se lo dijeran. Lo considero un superintelectual.

Elier Ramírez: Le gustaba más el calificativo de guerrillero.

Roberto Fernández: Le pasaba como a Martí, que prefería que lo tomaran como guerrero que como un intelectual.

Wilmer Rodríguez: Pero tiene una obra vastísima Fidel.

Roberto Fernández: No, no, era un intelectual de primer orden, extraordinario. Antes de la Revolución, los artículos de él en Bohemia eran extraordinarios, los artículos que publicaban en la prensa, en otros lugares y lo que siguió publicando hasta el final.

Lamento que no me haya aceptado mi sugerencia, pero era un tremendo intelectual (Risas). Me hubiera gustado que me dijera que sí, pero seguramente si le hubiera dicho algo parecido a Martí, Martí me hubiera respondido como Fidel: “Yo soy un guerrero” (Risas).

Fidel Castro junto a Roberto Fernández Retamar. Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

Elier Ramírez: ¿Y era sensible a la poesía?

Roberto Fernández: Muy sensible, muy sensible; no tan sensible como el Che. El Che que no era un buen poeta —para no decir que era un mal poeta—, era un lector de poesías apasionado y un gustador de poesías apasionado, más que Fidel; pero Fidel también era un buen lector de poesías. Incluso, a cada rato, en sus discursos mencionaba poemas, y en una ocasión yo le pregunté. Mencionó unos versos de Espronceda, La canción del pirata: “Y si caigo/¿qué es la vida?/Por perdida/ya la di,/Con el yugo/de un esclavo/como un bravo/sacudí”. Y yo le dije después que lo oí: “Comandante, ¿y esa cita de poesía?” “Me parece mentira que me lo preguntes tú, con la poesía se puede decir todo” (Risas). Varias veces citaba poemas y recordaba muchos poemas, sobre todo de cuando era estudiante de los jesuitas.

Como ha señalado con mucha sagacidad Frei Betto, el estudio por Fidel con los jesuitas fue fundamental, ahí se forjó su carácter. No se forjó su condición de revolucionario, esa se forjó en la Universidad de La Habana; pero su carácter sí se forjó con los jesuitas.

Wilmer Rodríguez: Fidel era un hombre de una memoria extraordinaria.

Roberto Fernández: Sí.

Wilmer Rodríguez: Se acordaba de todo.

Roberto Fernández: Sí, extraordinario.

Dos veces yo llevé a mi hija que es médica y había sido internacionalista en África, dos veces la llevé a reuniones con Fidel y las dos veces se acordaba de ella perfectamente. La memoria de Fidel era de elefante, no tiene nombre, se acordaba absolutamente de todo; no sé de qué no se acordaría.

Frei Betto, que escribió ese libro tan importante, Fidel y la Religión —un libro importantísimo sobre el que voy a volver después—, él atribuía esa resistencia de Fidel al dolor, a la pena, a todo, se lo atribuía a la enseñanza de los jesuitas, que los jesuitas le enseñaron a resistir.

Fidel, cuando estaba preso se empezó el rumor de que iban a liberar a los presos, que Batista lo iba a hacer para hacer las elecciones, qué sé yo, hubo vacilaciones y Fidel ni corto ni perezoso respondió: “Prefiero cien años más de cárcel que ser liberado en esas condiciones”. Era de una fortaleza verdaderamente excepcional.

Yo creo que en la historia de la humanidad no hay muchos hombres como Fidel, no ya en Cuba, no ya en América, en el mundo. Hay que remontarse a figuras excepcionales como lo era él realmente.

¿Estaba yo hablando de…?

Elier Ramírez: De los momentos que coincidió con Fidel en los viajes que hizo.

Yo le iba a preguntar, porque recuerdo que usted hablaba de Venezuela, pero recuerdo cuando era más joven que en la televisión se puso a Chávez y creo que estaba el Comandante, pero usted estaba en la primera fila y Chávez lee algo o lo menciona a usted y lee. No sé si es ese viaje a Venezuela, o ese fue posterior.

Roberto Fernández: Fue posterior. De la Venezuela que hablé, es cuando fue electo presidente este bandido.

Wilmer Rodríguez: Carlos Andrés Pérez.

Roberto Fernández: Que, por cierto, Fidel habló, y cuando Fidel hablaba hasta las piedras temblaban. Entonces, cuando estoy en el avión me preguntó Fidel qué me había parecido la intervención de Carlos Andrés y la de él. “Le voy a ser sincero: usted acabó con Carlos Andrés, él se sintió profundamente celoso de usted, porque el pueblo no lo seguía como seguía a Fidel”.

Esto que tú dices es mucho tiempo después, cuando Chávez es el Presidente.

Pasó una cosa francamente curiosa, Elier. Al principio del llamado período especial, en 1991, hubo un periodista o un escritor chileno que visitó varios países latinoamericanos haciéndoles entrevistas a intelectuales de cada uno de esos países.

Yo debo reconocer que no soy un guerrero, soy intelectual, me da mucha pena tener que confesarlo. No he dejado de tener armas en la mano y no he dejado de combatir, pero soy un intelectual. Y él escogió como intelectual de Cuba a mí y escogió a Octavio Paz, en México, a fulano, mengano y zutano.

Bueno, era una situación bastante difícil porque empezaba el período especial y Cuba estaba en la “fuácata” realmente. Me hizo muchas preguntas enojosas a las que yo… “Es un proyecto ya sobrepasado, ¿no?” Yo dije: “No, es un proyecto del porvenir, no sobrepasado”. Evidentemente, eso lo leyó en la cárcel Chávez y le produjo —digo yo, me imagino— un impacto tremendo, porque a cada rato me citaba, para mi sorpresa. Incluso, tiempos después, me impuso la medalla.

La muerte de Chávez es otra tragedia, murió joven. ¿Será posible que los yanquis le hayan inoculado cáncer, como se dice? No sería imposible. Y murió en plena juventud.

Mi hija me contó una cosa muy bonita. A un hombre humilde, zapatero, no sé qué, a la muerte de Chávez le preguntaron: “¿Qué piensa usted de la muerte de Chávez?” Y él respondió: “Lo siento mucho, porque él hacía feliz a Fidel”. ¡Qué bonito!

Elier Ramírez: ¿Y usted lo pudo ver? ¿Esa relación entre ellos dos la pudo palpar directamente?

Roberto Fernández: Cómo no, cómo no. Bueno, parecían padre e hijo. A pesar de que cuando nació Chávez, Fidel estaba en la cárcel, o sea, Chávez era de otra generación. A diferencia del Che que era de la misma generación que Fidel, Chávez era de una generación más joven; pero llegaron a tener una identificación verdaderamente extraordinaria. Chávez quería mucho a Fidel, aprendió mucho de Fidel; pero tenía también lo suyo, aportó también lo suyo, no se limitó a recibir, dio también. La nueva Venezuela, la Venezuela bolivariana y chavista debe inmensamente a Fidel, pero debe también a Chávez, que realmente hizo mucho y su muerte ha sido una tragedia tremenda. Tenemos que apoyar a Maduro y al pueblo venezolano con toda nuestra fuerza, pero la pérdida de Chávez es una pérdida verdaderamente terrible. Déjeme ver si me acuerdo de alguna otra cosa de mis encuentros con Fidel, he contado algunas cosas.

Cuando lo del niño Elián, Fidel recogió a un grupo de escritores para que se reunieran con él a hacer consignas sobre Elián. De más está decir que Fidel se pasaba la mañana, la tarde, la noche y la madrugada trabajando como si tal cosa. A la hora de comer lo que comía era una toronja. Yo no sé cómo Fidel logró vivir tanto tiempo, porque realmente se maltrataba terriblemente, físicamente no se cuidaba.

Entonces, en ese momento aportamos distintos criterios y alguien sugirió hacer un afiche que dijera: “Liberen Elián”. Y dije: “No, no, no estoy de acuerdo, debe ser ‘Liberen a Elián’, no ‘Liberen Elián’”. Se armó una discusión, qué sé yo, al fin triunfó la tesis equivocada “Liberen Elián”.

Entonces, pasado el tiempo, ya hablar de otra cosa, le dije a Fidel: “Fidel, yo haría un afiche que dijera ‘Liberen la A…’ Dice Fidel: “Me parece muy gracioso, pero no es muy revolucionario”, porque él tenía mucho sentido del humor también.

Fidel Castro en el Salón de Presidencia de la Casa. Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

Wilmer Rodríguez: Decía usted ahorita —y eso lo comprobamos— que Fidel no descansaba.

Roberto Fernández: Yo he estado varias veces con Fidel en el interior y fuera, incluso en otros países. Yo sé cuando Fidel dormía, dormía dos o tres horas; siempre lo vi despierto a cualquier hora, si se acostaba se despertaba a las dos o tres horas. Dicen que así era Napoleón, que dormía tres horas. Se sabe que hay criaturas excepcionales. Yo necesito dormir muchas horas, me producía una enorme sorpresa verlo a él que prácticamente podía o no dormir o dormir una cantidad ínfima, y, además, lo acabo de recordar, comía muy poco también, no era tampoco de mucho comer. Es casi sorprendente que haya llegado a tan gran edad, porque físicamente no se cuidó nada.

Me imagino que, por ejemplo, Raúl, le instaba mucho a que se cuidara, incluso en ese momento terrible en que Fidel se bajó después de un discurso y trastabilló, cayó y se rompió la pierna, fue tremendo. Parece que Raúl se puso verde contra los que cuidaban a Fidel. Los pobres, no tenían culpa, porque Fidel caminó solo; pero Raúl cuidaba mucho a Fidel. Si por Raúl hubiera sido, Fidel hubiera dormido más tiempo.

Wilmer Rodríguez: Eran hermanos que se querían mucho, hermanos del alma.

Roberto Fernández: Eran hermanos del alma realmente, toda la vida. Incluso, el 26 de Julio, o sea, cuando marchaban al Moncada, Raúl era militante de la Juventud Socialista; el Partido Socialista Popular y por extensión su juventud, no estaban de acuerdo con lo que vino a ser el asalto al Moncada, al punto de que el Partido Socialista Popular hizo una declaración en contra; pero Raúl, indiferente a eso, siguió a su hermano del alma, Fidel, porque para Raúl era mucho más importante Fidel que cualquier otra situación en la vida.

Yo no sé si Raúl siguió siendo o no militante de la Juventud Socialista. Me dijo Raúl Valdés Vivó que también lo fue Ñico López, y que llegó un momento en que ambos eran militantes de la Juventud Socialista y del 26 de Julio, los dos, y me dijo Raúl Valdés Vivó que firmaron una carta conjunta diciendo que en caso de muerte de uno de ellos, el otro asumiría toda la responsabilidad del sobreviviente; el que vino a morir fue Ñico López, que desgraciadamente murió relativamente temprano y que todo hace pensar que fue otra criatura extraordinaria. Él, en Guatemala, fue amigo del Che y le contaba del asalto al Moncada, y el Che le respondía: “Hazme otro cuento de cowboy”, porque él no creía que eso fuera verdad. El Che era tremendo.

Wilmer Rodríguez: Y después de la Revolución seguro que fue usted testigo de ese cariño entre Raúl y Fidel.

Roberto Fernández: Sí, por supuesto, por supuesto. Yo he aplicado al Che y a Fidel –algo que ahora voy a aplicar a Raúl y a Fidel–, la definición que daba Aristóteles de la amistad, él decía: “La amistad es un alma que vive en dos cuerpos”, así eran Fidel y Raúl, y así eran Fidel y el Che.

Cuando me preguntan si Fidel y el Che discutieron… Hombre, yo no dudo de que hayan discutido alguna vez, todos hemos discutido alguna vez, pero el vínculo entre Fidel y Raúl, entre Fidel y el Che, es indestructible.

No hay que olvidar que Raúl es quien le lleva al Che a Fidel en México. En México conocían al Che: Ñico López que había estado en Guatemala y Raúl que lo conoció allí en México, y Raúl fue quien llevó al Che a hablar con Fidel una fría noche de México. Que, por cierto, yo quise hacerle una entrevista a Fidel que no marchó. Me pidieron qué preguntas le iba a hacer, y con gran ingenuidad y torpeza, dije: la primera pregunta es: ¿De qué hablaron realmente la primera noche que se encontraron en México? Nunca me dieron la entrevista. ¿Pero de qué hablaron? Hablaron de cuestiones internacionales. Evidentemente el Che planteó allí que después del triunfo de la Revolución él tenía que ir a pelear a otros lugares, me imagino que mencionó, sobre todo, a Argentina; pero, sobre todo, otros lugares. De hecho, cuando salió a pelear en 1965, fue a África.

Wilmer Rodríguez: Además, usted fue testigo, y ahorita Elier le preguntaba, de aquella época del “quinquenio gris”, de aquella época del juicio a Padilla, es decir, de aquella situación que vivió Cuba. ¿Cómo Fidel asumió en el momento o después estos conflictos, estos problemas de esa época?

Roberto Fernández: No creo que Fidel interviniera en eso, realmente.

Había varias cosas a considerar. En el año 1968 Padilla había ganado el Premio de Poesía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, por un libro que se llamaba Fuera del juego. Era un libro equívoco, el título mismo lo dice, ¿no?, y fue muy criticado, según mi criterio, demasiado. Pero Padilla, por otra parte, se encargaba de visitar a los extranjeros que venían a Cuba para hablarles mal de la Revolución, esa es una realidad objetiva, desgraciadamente fue así.

En el año 1971 detienen a Padilla, que tuvo algo más de un mes preso, todavía no se ha dicho por qué razón se detuvo a Padilla, pudo haberse dicho que por haber hablado mal…, pero no se ha dicho nunca. Y al final de esos cuarenta y pico de días, Padilla pronunció un discurso que yo lo escuché, en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, junto a mí estaba Fayad Jamís —a Fayad le decíamos el Moro— y Padilla empezó a decir cosas tan horribles sobre él, que yo le dije: Moro, pero Bebo está loco, qué está diciendo, él no ha hecho ninguna de esas cosas.

Pasó el tiempo y Guillermo Rodríguez Rivera, un escritor cubano importante, desgraciadamente ya muerto, que escribió un libro que se llama Decirlo todo, que publicó Silvio, él cuenta muchas cosas interesantes en ese libro, del “quinquenio gris”, y cuenta que en Madrid, a principio de los años noventa se encontró con Padilla y le preguntó: Heberto, ¿esas palabras tuyas eran una caricatura de los discursos que habían pronunciado los bolcheviques que fueron fusilados después? Y según Guillermo, Heberto le dijo: Por supuesto. Le habían detenido por solo publicar un libro, y eso fue el… O sea que lo que él hizo…

Él había vivido un tiempo en la Unión Soviética, en la Unión Soviética que después se pudriría, como sabemos en el interregno se pudrió otra gente también, hubo gentes que se estropearon en la Unión Soviética y uno de ellos fue Padilla. Él había elegido esos discursos que son terribles, terribles. Entonces, como una manera de vengarse de que lo hubieran detenido, su supuesta autocrítica fue la caricatura de esos discursos que realmente eran horribles, yo le dije a Fayad: Moro, ¿qué está haciendo Bebo?, eso es una locura; se acusaba de las cosas más terribles del mundo. Y después de eso lo liberaron.

Mi criterio es que todo en el caso de Padilla está mal, todo: el libro, las críticas al libro, la prisión, el discurso y que lo hubieran dejado después, todo es malo, mi criterio es ese. A estas alturas nunca se ha dicho por qué se detuvo a Padilla. La Revolución tiene varios asuntos pendientes, no es algo ahora del asunto.

La Revolución nunca se ha autocriticado por las UMAP. Las UMAP es una de las vergüenzas de nosotros los revolucionarios. Hace falta que se haga una autocrítica. Lo más cerca que hubo de una autocrítica, tenía que venir de quien vino. Una periodista mexicana homosexual, Carmen Lira, gran periodista, que dirige un gran periódico, La Jornada, le hizo una entrevista a Fidel, y en un momento dado le pregunta por el problema de los homosexuales y Fidel dice: “yo tengo la culpa”. Cosa que, por supuesto, es completamente falso, ¡completamente falso!

Wilmer Rodríguez: ¿Y por qué él se culpa?

Roberto Fernández: Porque tenía que hacerlo, como Jefe de la Revolución, o tenía que culpar a otra persona, que no le correspondía a él hacerlo. Él sabía quién era esa otra persona; pero, lógicamente, no podía decirlo. Entonces, como Jefe de la Revolución, así como se atribuía las muchísimas cosas buenas, se atribuyó ese hecho incorrecto.

Wilmer Rodríguez: Además, otros no se explican por qué, si eso estaba pasando, Fidel no sabía lo que estaba pasando, cómo era posible que Fidel no lo supiera.

Roberto Fernández: Bueno, a mí me contó Armando Hart que fue un íntimo amigo mío, que una vez iba paseando con Fidel y pasaron por una UMAP y salieron los homosexuales que estaban asomados gritando: ¡Viva Fidel, viva Fidel, viva Fidel!, pero muy amaneradamente, ¿no? Y Fidel le preguntó a Armando: “¿Armando, qué cosa es esto?” Y Armando fue quien le contó lo que eran las UMAP. Poco tiempo después desaparecieron las UMAP, cuando se enteró Fidel. Fidel no se enteró, Fidel no podía enterarse de todo lo que pasaba en este país.

Elier Ramírez: Era imposible.

Roberto Fernández: Pero cuando se enteró, se acabaron las UMAP.

Otra cosa mala, que eso no lo alimentó la Revolución, por supuesto, es la campaña contra los homosexuales, que fue terrible porque eso trajo consecuencias: gente que perdió su trabajo, que perdió sus estudios, sí.

Wilmer Rodríguez: O que perdió hasta la vida.

Roberto Fernández: Hasta la vida.

Cuando se suscitó este hecho tan grave, varios escritores y artistas tomamos el partido de atacar esa medida, entre ellos estaba Tomás Gutiérrez Alea, que tiempo después filmaría Fresa y Chocolate.

Mi argumentación, frente a compañeros que eran participantes, hay que reconocer que la homofobia sigue siendo vigente en Cuba, sigue habiendo mucha gente en Cuba homófoba.

Cuando se discutió el proyecto de la Constitución no se aprobó el punto del matrimonio entre homosexuales porque sigue habiendo muchos homofóbicos, esa es la realidad.

Wilmer Rodríguez: Una cuestión cultural.

Roberto Fernández: Es muy complicada la historia.

Este hermano mío, Manolo, que es una gloria, el más inteligente, el más brillante, el más barítono; pero tengo otro hermano que es homófobo, mucho más joven. Bueno, el caso es que yo, mi argumentación, cuando me reunía con gente del gobierno era: los que pertenecemos a comunidades minoritarias sentimos mucho que se nos discrimine y que el mundo esté hecho contra nosotros. Yo seguía hablando, y la gente pensaba: “coño, Retamar se va a declarar maricón” (Risas). Cuando había avanzado decía: Porque yo soy zurdo.

Los derechos no se dan cuenta, pero el mundo está hecho para los derechos: los automóviles, las tijeras, todo está hecho para los derechos; los pobres zurdos… Mi madre era zurda y uno de mis hermanos, zurdo, y yo no sé por qué —nunca he averiguado por qué— en la escuela me enseñaron a escribir con la derecha, lo noto muy raro; pero yo, por ejemplo, a la hora de jugar pelota, soy zurdo; a la hora de disparar, mi ojo visor es el izquierdo. Yo soy zurdo de todo.

Entonces, la realidad es que nadie sabe por qué se nace zurdo, y nadie sabe por qué se nace homosexual, al parecer es una cosa misteriosa que ocurre. No sé por qué entre los escritores y artistas hay muchos homosexuales, pero yo les voy a contar lo siguiente: Un astrónomo se enamora de su jardinero, pero nadie se entera, porque el astrónomo no lo hace público. Un poeta se enamora de su jardinero, y se jode, porque le escribe un soneto al jardinero (Risas).

Elier Ramírez: Y sale en todos lados.

Roberto Fernández: La realidad es que hay homosexuales en todas las carreras y en todas.

Wilmer Rodríguez: Fidel era un hombre que tenía amigos que eran homosexuales, o se vinculó con personas homosexuales. Fidel tenía amistades, trataba a las personas que eran homosexuales.

Roberto Fernández: Bueno, yo siempre he tratado a los homosexuales con igual respeto, desde que era muy muchacho.

Tenía un amigo que era homosexual, muy joven, y este amigo, de repente, se separó de mí, no volví a saber de él. Pasó mucho tiempo y me encontré con él y le dije: “Chico, ¿por qué tú te has alejado de mí?” Dice: “Porque yo soy homosexual y no quería influirte a ti”. Yo no creo que los homosexuales se influyan, yo creo que los homosexuales nacen.

José Luis Díaz-Granados, su esposa Gladys , Fidel y Retamar (febrero de 2001). Foto: La Ventana/Casa de las Américas.

Elier Ramírez: Roberto, volviendo a Fidel. ¿Usted le ha dedicado algún poema a Fidel?

Roberto Fernández: Si supieras que no. Le he dedicado trabajos a Fidel.

Elier Ramírez: Ensayos.

Roberto Fernández: En la única…, yo creo que no, no lo he nombrado… Sí, lo nombré una vez, lo nombré una vez.

Elier Ramírez: Ese poema suyo tan conocido El otro, es un homenaje a la generación de Fidel, a los caídos en la lucha.

Roberto Fernández: Ese poema yo lo escribí en una guagua, el primero de enero de 1959, por eso se llama El otro.

Había llegado la noticia de la caída de Batista y yo fui a ver a mis padres que vivían en la Víbora, y de repente llegó el poema y lo escribí. Pasó el tiempo, ese poema, incluso, traducido al vietnamita, tuvo mucha vida internacional; pero, un comemierda, en una reunión de poetas, donde yo no estaba, alguien mencionó una cosa obvia, para bien o para mal, ese es el primer poema que se escribe después del triunfo de la Revolución. Puede ser el peor poema del mundo, pero se escribió entonces, y es que sale el poema. Pero ese alguien de quien te contaba, dijo “Ese poema no tiene importancia ninguna, ese es un poema puramente personal, es el criterio de la persona”.

Yo me enteré de eso y entonces, mi próximo libro se llamó: Juana y otros poemas personales (Risas). Yo nunca he escribo poemas impersonales, todos mis poemas son personales, tienen que ver con personas, con cosas, con realidad.

Elier Ramírez: Y está su poema: “Explico al lector por qué al cabo no concluí aquel poema sobre la Comuna.”

Roberto Fernández: Ese mismo. Era un poema que no voy a leerlo completo, porque es enorme.

Cuando ocurrió el centenario de la Comuna, la Gaceta de Cuba, lógicamente, le dedicó un número y me pidieron un texto que yo, gustosamente, empecé a escribir. Pero era el año —no te olvides— de 1971, el año del centenario de la Comuna, pero es también el año en que inicia el período del “quinquenio gris” en el que los errores no son solo nuestros, sino también de los extranjeros que nos atacaron vilmente, como si nosotros fuéramos “estalinistas”, etcétera.

Entonces, yo empecé a escribir el poema aquel, la primera parte; escribí la segunda parte, y cuando voy a escribir la tercera parte, empiezan a mandar las cartas a Fidel, cartas contra la Revolución. Y, entonces, ya no pude terminar el poema. Y explico lo siguiente.

Antes de eso, le menciono a Fidel, le digo: Si Dios existe —desespera un dicho—, ¿por qué yo no soy Dios? Lo que se comprendía en esos días: si Fidel, el Che, Camilo, Raúl, Almeida existen, ¿por qué yo no soy uno de ellos? Entonces, esa, mi generación sufrió lo que tu generación no sufrió. Ese era el complejo de no haber estado en la Sierra Maestra. Eso lo sintió muy duramente mi hermano Manolo, que tuvo una participación muy fuerte revolucionaria, pero no estuvo con Camilo, como él hubiera querido. Y al final digo:

“El 19 de marzo de 1971 escribí de un tirón las líneas que anteceden, ellas debían formar parte de un poema-ensayo sobre la Comuna, y también, evidentemente, sobre otras muchas cosas. Digamos, sobre nuestra Comuna, sobre la historia tal como la vivimos, no tal como la leemos y sobre la manera de cómo se comportan ciertos escritores cuando el pueblo asalta el cielo. Pero ese día tuve que salir a una reunión, a esa reunión que espera como un charco en mitad de la vida, y cuando regresé, ya no tenía más versos, ya se había apagado, por el momento, esa necesidad, esa extrañeza que reclama darse en palabras, con algo de música, algo de verdad, y que no puede encender según mi capricho, como si fuera un radio o un editorial para la revista, aunque hasta el editorial requiere un poco de esa extrañeza.

“Pasaron algunos días, yo tenía la esperanza de reanudar de un momento a otro el poema. Me eché encima la libreta —esta misma donde ahora escribo—, y cuando me encontraba con el ‘bueno’ de Adolfo le decía que sí, que estaba trabajando, que le iba a dar algo distinto para el número de la Gaceta sobre la Comuna. Pero el poema se había quedado detenido como una catarata congelada por el invierno, o por una fotografía, donde la forma de la inminente caída es en realidad, la forma de la detención. Yo esperaba, sin embargo, esperaba, confiadamente, en que volvieran a arrancar los versos; pero lo que arrancó de nuevo no fueron los versos, sino la propia historia, quiero decir, arrancó de nuevo el asunto del poema, aquello sobre lo que yo aspiraba añadir unas cuantas palabras más hasta hacerlo inteligible y unitario, como un cuento o un rostro. En esas condiciones, cómo escribir el poema, cuando su asunto reverdece, vuelve a echar brotes y centellas, se va por delante, se hace carne en las previsibles cartas, los previsibles improperios, torpezas, incomprensiones, cobardías, arrogancias, trágicas frivolidades de que ya habló Machado. ¿Qué le ocurre al novelista cuyos personajes de pronto…?”

Roberto Fernández: Entonces pasó que, de repente, mientras yo estaba escribiendo el poema, aparecieron las agresiones, las cartas, cartas a Fidel, la primera de las cuales no era tan agresiva, fue una petición directa a Fidel; la segunda era francamente contrarrevolucionaria y Vargas Llosa admitió haberla escrito él, y hubo muchos textos contrarios a la Revolución, como si nosotros equivaliéramos a los estalinistas que habían fusilado a los bolcheviques.

Elier Ramírez: Usted entró en esa polémica y respondió varias de esas cartas, defendiendo a la Revolución.

Roberto Fernández: Claro, claro. Y, lógicamente, ya no podía terminar mi poema, porque, como se dijo: ¿Qué le pasa al novelista, cuyos personajes, de pronto reales, empiezan a vivir por sí mismos? De repente el poema empezó a vivir; los gusanos de ayer fueron los gusanos de hoy.

Elier Ramírez: Fue un poco más el guerrero el que funcionó ahí que el intelectual, aunque ambos están indisolublemente ligados.

Roberto Fernández: Ah, sí, claro, ahí tuve que ser el guerrero; pero cuando he tenido que ser guerrero, yo no he dejado de ser guerrero. Yo estuve acuartelado cuando Girón, cuando la Crisis de Octubre. Por cierto que cuando la Crisis de Octubre estuve en un campamento con Vilo Acuña, estaba también Titón, ¡qué casualidad!, amigo mío, y alguien encontró en el suelo una hoja impresa por el periódico, con una serie de noticias militares y un poema. El poema era mío.

Entonces yo era secretario de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, habíamos organizado un taller para hacer obras de utilidad, afiches, cuentos, poemas, lo que hubiera que hacer. La mayor parte de esos poemas eran malísimos, pero, bueno, los hacíamos con muy buena voluntad, y uno no era tan malo, y yo le puse como título inicial “Epitafio de un invasor”; pero a la hora de mandarlo al periódico, porque eso se publicaba todos los días en el periódico, le quité ese título tan bueno, y le puse “Epitafio para el vástago de una familia detenida”, un título horrible. En la hoja del periódico le habían quitado este título horrible y le habían puesto “Epitafio de un invasor”, que era el título correcto, y le habían borrado mi nombre, o sea que ese poema era como el poema del Cid, anónimo.

Voy a citar el poema, por la razón que cuento. Se supone que esté en la familia, la familia de un invasor.

Tu bisabuelo cabalgó por Texas

Violó mexicanas trigueñas y robó caballos

Hasta que se casó con Mary Stonehill y fundó un hogar

De muebles de roble y Good Bless our Home

Tu abuelo desembarcó en Santiago de Cuba,

Vio hundirse la Escuadra española, y llevó al hogar,

El vaho del ron y una oscura nostalgia de mulatas.

Tu padre, hombre de paz,

Solo pagó el sueldo de doce muchachos en Guatemala

Fiel a los tuyos,

Te dispusiste a invadir Cuba, en el otoño de 1962.

Hoy sirves de abono a las ceibas.

¿Tú sabes dónde me encontré este poema? Yo creo que a él se debe el que se haya puesto…, eso no lo sé.

Pasado algún tiempo y antes de salir yo de Cuba, un amigo extranjero quiso visitar el despacho del Che. Hice la gestión, lo autorizaron y visitamos el despacho del Che y estaba tal cual lo había dejado, después lo cambiaron mucho. Bueno, vimos, abrí la gaveta y en una de las gavetas había notas de su viaje a África, y yo agarré, llamé a la secretaria y le dije: Saquen rápidamente esto de circulación. Pero debajo de la mesa de cristal había una hoja: esa, esa hoja.

Elier Ramírez: La hoja del poema. La tenía el Che ahí.

Roberto Fernández: Para mí ha sido la gran gloria de mi vida como poeta que el Che tuviera ese poema ahí.

El Che era un lector extraordinario de poesías, no era un autor bueno de poesía, pero un lector extraordinario. Evidentemente leyó eso en un periódico y finalmente apareció en su mesa.

Elier Ramírez: ¿Y lo puso ahí en la…, lo dejó y se quedó tal cual ahí?

Roberto Fernández: Bueno, yo me imagino que después cambiaron todo, yo no he vuelto, pero estaba como él lo había dejado.

Yo después coincidí con el Che en su viaje a África. En Praga tomamos un avión que nos llevó a Shannon y ahí se rompió, se pasó varios días esperando la pieza y después volamos a Cuba y hablamos enloquecidamente, enloquecidamente, es uno de mis grandes privilegios, realmente.

Elier Ramírez: Ahí fue la anécdota de cuando le preguntó de El socialismo y el hombre en Cuba, y usted le dijo: No, pero eso nadie me lo va a publicar, y él le dijo: “Yo sí, yo te lo publico.”

Roberto Fernández: Así es. Me preguntó varias cosas. Me dijo: ¿A qué tú atribuyes que la Unión Soviética se haya ido a al carajo? Estábamos en marzo de 1965, y yo me quedé en una pieza… Yo acababa de leer varios libros de un autor polaco, Deutscher, que yo admiro mucho, autor de una biografía extraordinaria sobre Trotsky y de muchos textos.

Elier Ramírez: En tres tomos: El profeta armado, El profeta desarmado y El profeta desterrado.

Roberto Fernández: Exacto. Este hombre había pertenecido al Partido Comunista polaco —era polaco—, dejó el Partido, era antiestalinista, pero nunca fue anticomunista. Cuando una serie de escritores que habían sido comunistas escribieron para un libro que se llamó El Dios que fracasó, The God that failed, incluso escritores buenos, Deutscher salió a echarle con el rayo, abiertamente, él nunca fue anticomunista, fue antiestalinista, pero nunca anticomunista. Bueno, yo le cité la tesis de Deutscher al Che y no se convenció para nada, y me dijo —y él lo ha repetido después muchas veces— que la culpa la tenía la NEP, la Nueva Política Económica, y el hecho de que al morir Lenin, tan temprano, no pudo rectificar, etcétera. Él atribuía a la NEP todo lo que pasó después, y llegó a ser hipercrítico el Che.

Esa vez nos dimos a leer materiales, había salido en Cuba Socialista, “Martí y el Tercer Mundo”, y yo se lo di a leer. Era en enero de 1965, y él me dio a leer el manuscrito de El socialismo y el hombre en Cuba. Él fue muy generoso con mis trabajos, y yo lo fui, por lo visto, lo fui menos con el suyo. No, era un trabajo extraordinario, excelente, fue una de las primeras —que yo conozca— intervenciones en antropología filosófica, hecha por un marxista. Hay muchas cosas buenas.

Yo publiqué después esa carta. ¿Tú la leíste?

Elier Ramírez: Sí, sí.

Roberto Fernández: Porque salió en Cuba Defendida, pero tengo algunas objeciones que hacer, y él me dijo: “Házmelas, escríbelas y publícala”. Yo le dije: “Comandante, hay que tener cojones en Cuba para publicar una réplica al Héroe de Santa Clara”, como le decían al Che. Figúrate, años antes había pensado ya él irse de Cuba.

El socialismo y el hombre en Cuba vino a tener un carácter casi testamentario. Él se fue de Cuba por esa época. Fidel leyó la carta de despedida, que es impresionante, el 3 de octubre de 1965, y habíamos regresado juntos en marzo de 1965. Entre ese momento se fue. Tiene que haber decidido ya irse, y al pobre Fidel le cayó encima la acusación de que él había matado al Che, y Fidel aguantó a pie firme.

De todas maneras, Elier, qué falta nos hizo el Che realmente. Yo comprendo que él tenía ese compromiso consigo mismo, esa vocación, lo que fuere; pero Cuba lo va a seguir necesitando…

Elier Ramírez: Hasta hoy.

Roberto Fernández: Hasta hoy.

Elier Ramírez: Hoy más que nunca.

Wilmer Rodríguez: Como la canción que dice “si el Che viviera…”.

Roberto Fernández: La canción de Carlos Puebla que dice “Aquí se queda la clara, /la entrañable transparencia/ de tu querida presencia, /comandante Che Guevara”.

Bueno, personas como el Che hay muy pocas.

¿Cómo Fidel tan rápidamente…? Bueno, el genio Fidel se dio cuenta de quién era, porque el primer Comandante de los combatientes de la Sierra Maestra fue el Che, porque Fidel se dio cuenta de quién era este hombre y lo hizo el primer Comandante. Después lo llevó a recorrer la isla junto con Camilo; después le dio cargos tremendos: Presidente del Banco Nacional, Ministro de Industrias. Yo lo vi a la semana de regresar, fui a verlo, había quedado hechizado por el Che y tenía la ilusión de trabajar con el Che.

Pero el Che tenía la idea, que no se cumplió, de hacer publicar una editorial en lenguas extranjeras para que los discursos de Fidel —en inglés y francés se traducían— se conocieran en África, porque él decía que en África no se conocían.

Y yo pensé: a lo mejor puedo trabajar con él en esto. Estaba reunido con el secretario Manresa, que ya ha muerto, y me dijo: “No te vayas, no te vayas”. Se abrió la puerta y salió el Che con Regino Boti y dice: “Bueno, los dejo a ustedes entre filósofos”. En realidad no nos dijo nada. Yo quise hablar de … para que me invitara a trabajar con él y le dije: “Bueno, me he quedado sin trabajo” y dijo el Che: “Yo también estoy de más aquí”. Posiblemente ya entonces…

Elier Ramírez: Estaba ya pensando, o más bien ya tenía decidido salir a luchar en otras tierras.

Roberto Fernández: Entonces, antes de irme —nos quedamos sin trabajo, sin libros, sin nada— le presté ese libro, una antología de poesías española, y lo perdí, no quería perderlo, y el Secretario me dijo: “Se lo voy a dar, y el Che me dijo que le copiara un poema, pero no se lo digas”. A la hora de irme, ya en la escalera, me quedé pensando por qué el Che le había pedido a Manresa que le copie un poema llamado Farewell, que quiere decir adiós, de Neruda.

Murió con 39 años, más joven que Martí que murió con 42. Hubiera podido vivir 20 años más y hubiera podido triunfar en Bolivia.

Bolivia no fue bien escogido, el lugar, era un lugar muy inhóspito.

¡Qué valiente era el Che!

Elier Ramírez: ¿Cuándo fue la última vez que vio a Fidel?

Wilmer Rodríguez: ¿Ya había enfermado Fidel?

Roberto Fernández: No.

Wilmer Rodríguez: ¿Después que enfermó no lo vio?

Roberto Fernández: Me hubiera encantado haber estado en el Aula Magna cuando pronunció ese extraordinario discurso, uno de los últimos a la nación, que es realmente la radiografía de la Cuba actual, que Fidel habló de que la corrupción cubana puede terminar con la Revolución.

Elier Ramírez: El 17 de noviembre de 2005.

Roberto Fernández: “Nosotros mismos, los revolucionarios, podemos terminar con la Revolución”, advirtió. Y, bueno, tuvimos el privilegio de tenerlo.

Elier Ramírez: Y lo seguiremos teniendo y tenemos que encargarnos de seguir teniéndolo.

Roberto Fernández: Así es.

Wilmer Rodríguez: ¿Fidel era un poeta?

Roberto Fernández: Bueno, en sus actos sí, los actos son de un gran poeta épico, en palabras no sé. En cambio, el Che no era un buen poeta (Risas).

Elier Ramírez: Aunque en actos también era un gran poeta.

Roberto Fernández: Aunque en actos era. Se sabía de memoria una cantidad enorme de poemas, recitaba de memoria a muchísimos poetas.

Elier Ramírez: Un compañero que entrevistamos que trabajó en la última etapa con Fidel, de los ayudantes, nos mencionaba que Fidel les recitaba poemas, y creo que nos mencionó Canción del Pirata de Espronceda.

Wilmer Rodríguez: Lo recitó de memoria hasta tiempos antes de morir.

Roberto Fernández: Es posible sí. Eran lecturas que él había hecho cuando era alumno de bachillerato. Ese bachillerato suyo resultó muy importante, por eso creo —como Frei Betto— que los jesuitas forjaron su carácter; pero la Revolución se la debe a la Universidad.

Wilmer Rodríguez: ¿Se extraña a Fidel?

Roberto Fernández: Lo extraño todos los días de mi vida. Personas así no solo no deben morir, sino que en cierta forma no mueren nunca. Yo pienso en Fidel, como pienso en el Che y como pienso en Martí constantemente.

Wilmer Rodríguez: Gracias a usted.

Elier Ramírez: Discúlpenos por tenerlo tanto tiempo…

Wilmer Rodríguez: Gracias, Roberto.

Elier Ramírez: De verdad que es un inmenso privilegio poder conversar con usted, no solo de leerlo sino de escucharlo directamente.

(Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)



 

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