Tengo algo que contarte (32) Correspondencia entre dos mujeres
Género
Jueves, 04 de Abril de 2019

La Guerrilla Comunicacional.-

Salt, 3 de abril del 2019

Los bombones más dulces

Amiga mía,

Ya veo cómo andáis de ajetreados por allí con la tremenda empresa que lleváis entre manos. Me alegra muchísimo saber que avanzáis en el camino que vais diseñando entre todos y me consta que es nadar contra corriente, porque vuestra situación geográfica y política no está precisamente acorde con los dominantes. Sé que cada vez es más difícil no quedar alineado con el capital porque éste es muy hábil y sabe filtrarse por cada rendija social. Incomprensiblemente también se asoma disfrazado entre la pobreza consiguiendo que achaquen sus males a otros. Lo social, lo colectivo, los derechos humanos, no están en el orden del día de sus reuniones. ¡Pero si Trump sigue ignorando y contradiciendo hasta el cambio climático! Cualquier día nos encontrarán cocidos como garbanzos por el calor y la sequía, y el buen hombre aún dirá que no pasa nada, que son manías persecutorias de los socialistas endemoniados y los complots judeo-masónicos.

Me hablas de la reforma de vuestra constitución, y lo primero que siento tras la alegría es algo parecido a la envidia. Aquí hace tiempo que se está pidiendo y todo lo que tenemos siguen siendo presos y exiliados por trabajar para ello. La demanda se combate con represión, no con políticas que posibiliten llevar a cabo el cambio necesario. Ya ves, “la gran democracia” en qué poca cosa queda cuando la derecha ve peligrar sus intereses.

Me impresiona también leerte cada vez que sufrís un desastre meteorológico, que desgraciadamente es con frecuencia. Realmente solo la solidaridad y la ayuda mutua son capaces de la recuperación necesaria, y vosotros sois maestros de llevarlo a la práctica siempre que hace falta.

Acabo de llegar de trabajar y releo tu carta. Hoy el hospital me devuelve a casa un poco diferente de otros días, y tengo ganas de contarte cosas sobre él, sobre nuestra sanidad.

Debo empezar por explicarte que nuestro sistema sanitario ofrece una atención universal y gratuita. Universal porque da asistencia a todos los ciudadanos que vivan aquí, con independencia de sus rentas, estatus social o procedencia. El solo hecho de estar empadronado en un municipio te da derecho a una asistencia sanitaria integral. Es gratuita para todos, asumiendo el estado su financiación, yendo parte de nuestro salario destinado a ello. También las medicinas están financiadas en parte, y para los jubilados, casi en su totalidad. Pienso que es un sistema de los más justos y equitativos, porque de todos es conocida la negra alianza entre la falta de salud y la pobreza. Un sistema sanitario debe velar para que la falta de recursos económicos en la persona, no sea además un agravante en su salud al no poder acceder a él. Sabiendo que la esperanza de vida es algunos años mayor para la gente rica que para los pobres, creo que sería inmoral no defender como mínimo la igualdad de acceso a la salud.

En España a principios del siglo pasado se inicia un sistema nacional de salud, que poco a poco se va modificando (atención al embarazo y parto, cobertura de accidentes de trabajo a los trabajadores de la agricultura e industria, seguro obligatorio de enfermedad que protege a los trabajadores económicamente más débiles,….) extendiendo su cobertura, hasta que en 1989 se completa este proceso y la asistencia sanitaria en España se establece como universal y gratuita, con la excepción del turismo sanitario.

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad se encarga de desarrollar la política del Gobierno en estos temas, aunque desde los años 80 se inició el traspaso de competencias en sanidad a las diferentes comunidades autónomas, con el fin que cada territorio la gestione de la forma que considere más oportuna. Cataluña fue la primera transferida en 1981.

Debo contarte también que este modelo de sanidad, que podríamos considerar un buque estrella de los derechos sociales, se ve constantemente torpedeado por flotas externas que se deben al negocio y al dinero. Este ataque ya viene de lejos, pues la ofensiva ideológica neoliberal en todo el mundo no es nueva, y estos modelos sociales de equidad no están en su onda. Así, nuestro sistema público corre paralelo a toda una red de recursos sanitarios privados, cosa que no tendría importancia si hubiese una separación clara entre ambos y fuesen alternativas opcionales y voluntarias. El problema surge cuando algunas empresas del sector diseñadas para obtener beneficios (como la gran mayoría de empresas), gracias a los acuerdos de gobiernos, se introducen en el sector público como empresa privada, sabiendo todos que la sanidad, como concepto universal y público, es un mal objetivo como ganancia, ya que los beneficios económicos siempre quedarán traducidos en algún regateo en la salud.

Con la última crisis económica, y atendiendo a los mandatos de Europa, nos llegan también los recortes presupuestarios, y fíjate la barbaridad de ser educación y sanidad de los más afectados. Entre 2009 y 2013 hubo una disminución del 20% del presupuesto de sanidad pública (somos uno de los países de la OCDE*(1) que más recortó), y hemos pasado de invertir en sanidad el 6.7% del PIB*(2) en el 2009 al 5.3% en 2018. No hace falta pensar mucho para deducir que todo ello tiene una traducción palpable: para los profesionales unas peores condiciones de trabajo y para los usuarios una peor atención. Fíjate que en cambio sí hubo dinero público para rescatar bancos privados, y que aún esperamos que sus beneficios se nos reviertan. Tampoco parece que el sistema tributario se empeñe en arreglar desigualdades; en general, los que más tenían antes de la crisis ahora tienen mucho más y los que menos tenían ahora tienen mucho menos. Interesante y demoledor el reciente informe al respecto de OXFAM Intermón “Desigualdad 1 – Igualdad de oportunidades 0”.

Cataluña, aun siendo la más veterana de las comunidades autónomas en tener la gestión de la sanidad transferida, tampoco supo abstenerse de estos vapuleos. De hecho, el Consejero de Salud catalán entre 2010 y 2016 fue alguien que venía de gestionar y presidir el sector sanitario privado. Aquí decíamos que habían puesto el zorro a cuidar el gallinero, porque en realidad fue una etapa negra en nuestra estructura pública. Este gran recorte en recursos deja unas secuelas en el sistema (menos personal, más demora en las listas de espera en la atención,….) que no es ni rápido ni fácil recuperar. No es casualidad, la derecha no da puntada sin hilo, y curiosamente vimos cómo han aumentado la contratación de seguros de salud privados en este tiempo. Es la fórmula de que cuanto peor esté el sistema público, mejor le vaya a la patronal sanitaria privada, pero sin olvidar que cuando la cosa se complica, acabarán recurriendo a la sanidad pública para tratar la máxima complejidad con los mejores recursos y profesionales.

Pero resulta que este buque estrella de la flota de derechos sociales, por muchos torpedos y piratas al abordaje que encuentra, ni los pasajeros (usuarios) ni la tripulación (sanitarios) estamos dispuestos a contemplar el naufragio. Ambos, junto a algunas formaciones políticas de izquierdas, hemos trabajado siempre y seguimos trabajando para mantenerlo a flote, con un buen rumbo y si es posible a una buena velocidad de crucero. La ”marea blanca” se llamó al movimiento en defensa de la sanidad pública. Porque no debemos olvidar que un sistema como éste no viene “de serie” con el estado, que ha costado mucho tiempo y esfuerzo montarlo, y que no estamos dispuestos a verlo desaparecer. Esta marea fue la que en más de una ocasión ha evitado más privatizaciones, quienes somos conscientes de la gran calidad que se ofrece a pesar de los recortes y quienes tenemos claro que es un modelo a defender, justo y ecuánime. Porque sea cual sea la atención que necesites, las operaciones más complejas, los tratamientos más costosos e innovadores, los especialistas, la medicina preventiva,…ahí está, sin que nadie te pregunte quién eres o si la puedes pagar.

Como bien sabes soy enfermera. Trabajo en el hospital de Salt desde hace 36 años, lo que puede explicar que a veces me refiera a él como “mi hospital”, donde el “mío” es ese sentido de pertenencia, no de posesión, que solo se otorga a lo que se quiere, aquello a lo que uno quiere pertenecer o que le pertenezcas.

Es un hospital público, no muy grande, que cubre una buena área de nuestra población. Quizá sea el tamaño no desmesurado el que ha hecho posible un sitio donde cada cara se corresponde a un nombre, además del número que la administración nos asigna, ya sea como empleado o como cliente.

Este hospital, mi hospital, es un lugar que aunque quisiera, no puedo desconectar de mi vida. Ninguna de sus habitaciones ni de sus recovecos me pueden pasar de largo en la memoria, porque la vida la vamos llenando de momentos y la memoria los va recogiendo todos guardándolos en cajoncitos del pasado, te los va sirviendo en el futuro cuando y como quiere, rellenando a su placer tu presente.

Han ido pasando tantas cosas y momentos que casi sin darme cuenta he ido creciendo aquí dentro. Creciendo por fuera (empecé como una jovencita con trenza que el tiempo ha ido transformando y trayendo de la mano algunas canas, más arrugas y otra silueta), pero sobretodo creciendo por dentro. Y es que ¿sabes qué creo?, que estoy en la mejor escuela del mundo. Una escuela de vida impagable, en la que cada día aprendo y me hace crecer.

Aquí tuve la última mirada de mi madre y de mi padre antes de morir. Esas miradas que te acompañan siempre, amando y recordando amor, e intentando consensuar contigo misma qué hiciste bien y en qué fallaste. Ese difícil y ajustado consenso que según en qué momento te reconforta o te deja insatisfecha, pero que con el tiempo se vuelve más dulce y sosegado.

Aquí tuve la primera mirada de mis hijas al nacer. Esas miradas también te quedan impresas en la película de la memoria, seguramente ocultas bajo las primeras sonrisas que regalan, las primeras palabras que dicen, los primeros pasos que dan, ….pero al final siempre emergen y puedes recordarlas.

Aquí he perdido a compañeros, maestras y amigos con un “hasta siempre” que sabíamos sería un “hasta nunca”.

Aquí he visto parir cientos de veces, emocionándome cada una como si fuese la primera. He recogido recién nacidos que nacen muertos, y también he recogido las miradas de sus padres. Cuando sabes que en casa esperan la cunita vestida y ese sonajero musical que compraron para calmar llantos, ese sonajero que no escuchará nunca, porque no habrá llantos que callar. En mi hospital, en este hospital público, hay un equipo de apoyo al duelo perinatal quienes ayudan y dan un gran soporte a estos padres que volverán a casa con las manos vacías y la canastilla intacta.

Pero también he recogido todos los bebés radiantes, vitales y enérgicos que llenan de vida la sala con su minúscula presencia. Y con ellos las miradas de quienes los esperábamos llegar, en las que no cabe más que ternura.

Aquí he atendido a mujeres que vinieron a urgencias llenas de moratones que casi siempre se hicieron golpeándose con una puerta, cuando sabes que siempre detrás de esa puerta está su hombre maltratador. Y poco a poco, hablando mucho, ir convidando a venir a la conciencia hasta que puedan reconocerse y dar el paso de acabar con la situación.

Aquí también me diagnosticaron cáncer. Y me llevé las miradas de mis colegas al decírmelo, aprendí a leer en ellas la congoja y pesar que las impregnaba, y a leer también un apoyo inconmensurable. Aquí me pusieron quimioterapias mis compañeras, con un cariño tan infinito que hasta hacían livianas las vomiteras; me decían “qué guapa estás” cuando andaba calva como bola de billar. Y yo me sentía guapa.

La vida y la profesión me han ofrecido una posición privilegiada de observadora, a un lado y otro del escenario. Ahora soy yo quien sigo administrando las quimioterapias en la sala de siempre, en donde yo las recibía. Y ayer por ejemplo, te digo que mi sala de quimioterapias (entenderás que la considere un poquito “mía”, ¿verdad?) parecía una delegación de la ONU. Disponemos de 8 butacas, hoy todas eran mujeres, y tenía una gambiana, una hindú, una rumana, una árabe, una amazigh, una hondureña, una señora de Almería y una de Salt. Ya ves, prueba inequívoca de dos cosas:

1.La rica y diferente realidad social en la que vivo

2.La enfermedad no pide papeles de procedencia, residencia, ni contrato de trabajo cuando decide instalarse

Todas compartimos miedos y ánimos; recetas de sus cocinas; pelucas, pañuelos y turbantes. Y les digo lo guapas que están así de bolitas de billar. Porque están muy guapas, esa tremenda energía femenina se les reparte por los poros y se iluminan, realmente lindas.

Es precisamente por eso por lo que estoy orgullosa y feliz de poder trabajar así, tratándolas a todas ellas, compartiendo y aprendiendo con todas ellas, riéndonos con las mil y una forma de ponerse un pañuelo en la cabeza, sin tener que pensar tan solo en si tendrán dinero para pagarse su curación.

Este hospital es un poco diferente de otros, porque es el referente en salud mental de toda la provincia y la tratamos de manera integrada dentro de las mismas instalaciones. En Salt siempre estuvo situado el psiquiátrico, era un elemento más del pueblo. Cuando yo llegué aquí, y aun siendo tiempos en los que la psiquiatría no seguía su línea más moderna, me sorprendió ver como el hospital psiquiátrico estaba cercano a las gentes del pueblo. Estaba situado dentro de la población, con un inmenso parque y campo de fútbol incluido. Los chiquillos del pueblo iban a hacer partidos con los internos; éstos hacían obras de teatro con asistencia de público; los desfiles de carnaval los encabezaban sus carrozas y sus disfraces que habían estado elaborando durante todo el año, y al pasar se iban incorporando el resto de niños desde sus escuelas,…en fin, formaban parte de la vida de Salt, eran unos ciudadanos más, con poca suerte en su salud, pero sin menoscabo de sus personas. A mí me emocionaba, porque al menos yo, no había visto esa naturalidad de trato en los enfermos mentales. También en eso Salt era otra cosa, y es que el primer manicomio público de Cataluña nació en Salt en 1886. Sus ciudadanos ya decían con humor cuando hablaban de él “aquí estamos más fuera que dentro”.

Conservación de la puerta original del manicomio de Salt de 1886

Llegaron reformas, se modernizaron las instalaciones, las nuevas corrientes en psiquiatría dieron un vuelco en los tratamientos y trato a los internos, dignificando al máximo su enfermedad y sus vidas. Se configuró un parque hospitalario, un espacio sanitario amplio, verde, integrador de la salud que incluye la asistencia psiquiátrica, socio-sanitaria y de enfermedades físicas, abierto a la ciudadanía y al municipio. Es un modelo que intenta dar visibilidad y normalidad a los diferentes tipos de enfermedad en este parque compartido, en este hospital público.

Porque amiga habanera, cuando pierdes la salud, sea cual sea la causa, al entrar por la puerta del hospital, y sobre todo si te espera alguna prueba u operación, siempre estás a un tris de perder tu presencia más digna . Lo primero que te suele pasar es cambiar tu ropa por una bata que, ya puede ser blanca, verde o azulita, es igual, la abroches como la abroches, en algún momento acabas enseñando el culo. Mira que hay sistemas de cierre diferentes, pero todos parecen diseñados de forma diabólica para que el usuario/a, aún cuadrando los lazos, el paseíllo triunfal lo tenga asegurado. Acto seguido siempre hay alguien que te pregunta si tienes dientes postizos, que no es una mera curiosidad, sino que te invita a quitártelos. Amenizamos el atrezo con un gorrito fruncido a modo de cocinera de la reina y unos patucos (normalmente verdes) de papel, talla única, que en la mayoría de casos acaban recordando los de Peter Pan. ¡Et voilà!, no me negarás que de esta guisa uno empieza a dudar si su estampa entró al completo contigo o si se ha ido quedando a trocitos con cada pieza del disfraz. Como ves, la falta de salud no distingue el capital que tienes, ni la clase social a que perteneces, ni el glamour del que normalmente te envuelvas,….todos somos igual de vulnerables ante la bata-perversa, el gorro, las pantuflas y sin dentadura. Nuestro trabajo también pasa por preservar la dignidad en toditos los casos.

Habanera, hoy me han regalado bombones. Han venido a traerlos el marido y los hijos de María, una mujer joven que murió hace unos días. Una mujer a la que tratamos durante todo su proceso y con la que fuimos compartiendo todas las fases de la enfermedad, también su muerte. Esta familia, deshecha en estos momentos por la pérdida, ha venido a dar las gracias por el confort y la paz que tuvo María hasta el final y por el soporte que han sentido ellos en cada momento. Acompañar en la muerte y dignificarla también es parte de cuidar la vida. Y en este hospital público, también intentamos no olvidarlo. Te confieso que a mí fue una de las facetas que más me costó asumir, quizá porque desde muy joven me tocó vivir estos procesos, y cuando tienes 22 años y una carrera recién acabada con la que te comes el mundo, en la que piensas que tratar equivale a curar e irse a casa feliz, no entra en tus cálculos que una parte de ese “tratar” también tiene que ver con la muerte, con acomodarla para que haga el menos ruido posible cuando llega para quedarse. Ha sido una grandeza más de este eterno aprendizaje en la mejor escuela de vida que he podido tener.

Por eso hoy he recibido unos bombones hechos seguramente con el cacao más amargo, pero los más dulces del mundo.

Quiero compartirlos contigo, te mando el abrazo más dulce y chocolateado.

Tu amiga,

Vicentita

(1) OCDE. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es un organismo de cooperación internacional, compuesto por 36 estados, cuyo objetivo es coordinar sus políticas económicas y sociales. Fue fundada en 1961 y su sede central se encuentra en el Château de la Muette, en París, Francia.

(2) PIB. Producto interno bruto (PIB), conocido también como producto interior bruto o producto bruto interno (PBI), es una magnitud macroeconómica que expresa el valor monetario de la producción de bienes y servicios de demanda final de un país o región durante un período determinado, normalmente de un año.

 

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Geraldina Colotti | Martes, 1 Octubre 2019

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