Locura y cordura de Ana Belén Montes, solidaria con Cuba presa en EEUU
Ana Belén Montes libertad
Sábado, 17 de Octubre de 2015

Presentamos cuatro textos recientes de MCs & MTh Douglas Calvo Gaínza sobre el caso de Ana Belén Montes, presa en EEUU por "consporación para el espionaje" en favor de Cuba. También varias imágenes facilitadas por el Comité puertorriqueño de solidaridad Oscar-Ana, facilitadas por E. Robles. En estos tiempos de relativo deshielo entre Cuba y EEUU, hay nombres que no pueden permanecer en el olvido. Obviamente, el de Ana Belén Montes es uno de ellos.

LOCURA Y CORDURA DE ANA BELÉN MONTES

Por MCs & MTh Douglas Calvo Gaínza

En estos tiempos de relativo deshielo entre Cuba y EEUU, hay nombres que no pueden permanecer en el olvido. Obviamente, el de Ana Belén Montes es uno de ellos. Por ello, he creído positivo exponer algunas ideas personales sobre su caso, aceptando de antemano que algunas pueden estar equivocadas. Otras, con certeza, no.

En primer lugar, pienso que deben existir razones demasiado fundadas, para infligirle a alguien la incomunicación absoluta. Una persona a la cual se la obliga a padecer, no sólo el aislamiento radical y antinatural ante la luz del sol o el canto de las aves, sino tambiénante cualquier sonrisa compasiva, para tener como única compañía a personas cuasi dementes, debe ser sin dudas un grave peligro para la Humanidad.

¿Será Ana Montes tal amenaza planetaria? Lo dudo. Esa señora nunca dañó a su país, ni puso en peligro las vidas de civiles norteamericanos. No indicó a los islamistas algún túnel secreto para asesinar a Bill Clinton, ni colocó en las Torres Gemelas ningún sistema de señales que guiara el vuelo de los secuestradores durante el 9/11. Tampoco diseminó Ántrax en un Mall, o guió a extremistas afganos atacando un kindergarten en New York. Jamás preparó el terreno para la conquista de la Casa Blanca poralgún Estado totalitario, ni mucho menos radió instrucciones sobre cómobombardear el París Las Vegas de Nevada. No hizo nada, absolutamente nada contra su pueblo. Simplemente, ayudó (dentro de sus limitadas posibilidades, y exhibiendo gran valor personal), a que los ciudadanos de la Isla de Cuba, con iguales derechos que los de USA, dejaran de padecer incontables atentados contra su Presidente, decenas de secuestros aéreos y marítimos, inhumanos ataques a círculos infantiles, sanguinarias voladuras de aviones en el aire y desalmadas guerras biológicas, feroces atentados al turismoeinjustas escaramuzas fronterizas, así como una bárbara estrangulación económica unida afunestos peligros de invasión, juntoa otras tristes hazañas por el estilo, las cuales avergonzarían a los Padres Fundadores de la “Primera República del Mundo”.

La condena de la Montes se debió a la detección de planes de espionaje desde Norteamérica, en su guerra asimétrica contra Cuba; no viceversa. Luego, la víctima primaria en esta amarga trama detectivesca, lo fue desde el principio la agredida nación caribeña, y no la agresora potencia del Norte. A esta prisionera se la ha excluido del mundo, como mismo también se ha pretendido aislar a Cuba. Sólo que, con la Isla, tal política aislacionista ha fallado, pues la ofensiva imperial se ha enfrentado con todo un pueblo; mientras que, en este caso, la implacable represalia ha sido más exitosa, al haberse desencadenado sin riendas sobre una mujer solitaria.

Una dama que arriesga su vida para defender a un país menudo y subdesarrollado, contra la despiadada agresividad de la mayor súper-potencia global, no puede ser considerada sino como alguien digno de honra y respeto. Y si tal cosa se niega, entonces ignoro cuál es el basamento moral deesa actual retórica anti-rusa, que erige al Occidente como el guardián de la independencia ucraniana frente al rapaz oso moscovita.

Visto esto, ¿dónde está el crimen de lesa humanidad que ha provocado esa atroz venganza,la cual padece hoy esa ciudadana del mundo?

Se afirma que por su culpa pereció el sargento Boina Verde Gregory Fronius, destacado en el Salvador. Usando sus contactos con Cuba, Ana habría delatado a los partisanos nativos la existencia de una base secreta yanqui, y gracias a ella, se produjo el ataque patriota que provocó el fallecimiento de dicho militar extranjero.

Sin dudas la cifra es elocuente: la supuesta confidencia produjo un fallecido norteamericano en suelo foráneo. Las víctimas de Cuba rozan las tres mil, en su propio territorio. Pero ha de deplorarse toda baja humana, en cualquier conflicto, y por mi parte lamento honestamente la muerte de Fronius, si bien aclaro que no es similar el fallecimiento de un entrenado operativo de Tropas Especiales, quien cumple una misión voluntaria en tierra extraña, que los estragos contra las desvalidas mujeres y niños de todo un pueblo, perniciosamente agredido en su propia Patria.

Ahora bien, me atrevo a emitir un criterio receloso sobre todo este evento. No puedo entender que los guerrilleros salvadoreños necesitaran tan sofisticada pesquisa internacional, para saber de la existencia de una base enemiga en sus predios. Ellos estaban en su propio terruño (no así los Boinas Verdes). Por lógica, aquellos conocerían bien cada palmo del monte y tendrían mil confidencias entre los campesinos. Y por ende, entre tantos “hispanos” menudos y de teces bronceadas, con matices raciales aindiados, esos robustos y rubicundos legionarios angloparlantes, nunca podrían constituir un secreto eterno. Y ello, sin “espías cubanos”.

Pero por otra parte, aun admitiendo que la caída en combate del señor Fronius se debió a un informe de la Montes, ¿qué decir de los patriotas salvadoreños que hayan muerto en ese mismo u otro combate, enfrentando a los soldados extranjeros? ¿Qué de las tantísimas masacres de campesinos, los múltiples bombardeos a aldeas, las decenas de sacerdotes desaparecidos, las horripilantes torturas masivas, y otras tantas proezas cometidas contra la población salvadoreña por los egresados de Fort Bragg, bajo los auspicios del U.S. Army y sus servicios de inteligencia? ¿De veras existe en los Estados Unidos suficiente autoridad ética,como para semejante ensañamiento contra Ana Montes ante la muerte de un solo militar invasor, cuando las Guerras Sucias patrocinadas por las sucesivas administraciones de la Casa Blanca, y dirigidas por sus agentes, adornarontoda Centro América con un sinfín de ignotas fosas comunes, una sangría de proporciones descomunales, y cicatrices en el alma hispano-americana que ya jamás podrán ser regeneradas, y que hoy afloran en los Maras, los Zetas y tantas otras perversas herencias de la “asesoría militar” estadounidense?

¿Quién es pues el verdadero peligro mundial: esa singular reclusa enclaustrada en Fort Worth, o los múltiples halcones militaristas del Pentágono y los innúmeros “topos” de la CIA? ¿Aquella que (quizás) informó a los patriotas sobre la presencia de ocupantes agazapados, con lo cual (quizás) provocara la caída en combate de un solo centurión imperial, o el propio Imperio con sus Escuadrones de la Muerte, sus dictaduras de ultra-derecha, sus Operaciones al estilo de la Gladio, la Fénix, o la Cóndor, y su conteo de cadáveres que desafía la capacidad aritmética del mismísimo Pitágoras?

Que cualquiera con sentido común responda por sí mismo a esa interrogante.

En cuanto a mí, honestamente no creo en el derecho de ningún gobierno de este planeta (ya sea uno de “izquierdas” o de “derechas”, una monarquía de la Era esclavista o una horda del futuro “Post-apocalíptico”) para imponerle a un ser humano inerme,el total aislamiento del resto del universo; como tampoco admito que exista ningún tribunal en este mundo, con autoridad legal para suprimir de un plumazo el permiso a la amistad.

Por demás, me resulta mucho más incomprensible talsaña, cuando se considera que en los Estados Unidos, a veces los más empedernidos asesinos en serie llegan a alcanzar una suerte de estrellato publicitario. Por ejemplo, un personaje de la siniestra calaña de Ted Bundy, no sólo recibió abundante correspondencia en su celda, sino que incluso tuvo derecho al matrimonio, tras su convicción. Un psicópata bestial y con ínfulas artísticas como John Wayne Gacy, vendía exitosamente sus cuadros desde el presidio. La desdichada Karla Faye Tucker, adquirió fama y renombre mundial justamente durante su encierro, debido a su muy evidente reforma moral, la cual no impidió su liquidación por el Estado. El sectario homicida Charles Manson, grabó y vendió música carcelaria, coleccionando miles de fans desde su calabozo. Todos ellos asesinaron a indefensos civiles norteamericanos, incluyendo a menores de edad y a una mujer embarazada. Y sin embargo(o gracias a ello), se convirtieron en íconos sociales para ciertos sectores de la sociedad norteña, disfrutando de una popularidad inusitada.

En cambio, sin ostentar esos récords homicidas, Ana Belén Montes ha sido condenada a ser sepultada o emparedada en vida. Ella vale aún menos que el más vil homicidaserial, por el delito de lesa majestad de intentar evitar las agresiones de una súper-potencia contra un pequeño país vecino. Su castigo nos recuerda el de aquella atroz condesa transilvana,la cual se bañaba en la sangre de sus criadas, y fue condenada al emparedamiento perpetuo. Pero ni la Montes ha acuchilladosádicamente a decenas de doncellas, ni creo que el sistema legislativo norteamericano aspire a imitar a una monarquía feudal de los Cárpatos. Estamos en pleno siglo XXI y no en el Medioevo,aunque a veces se tienda a olvidarlo.

Si los Estados Unidos de América desean recobrar la estima de sus vecinos latinoamericanos, deben rebasar la herencia del preterido “Destino Manifiesto”, y honrar al decorosoFranklin D. Roosevelt reanudando su política de buena vecindad. Por ende, para cultivar un verdadero panamericanismo, debe cesar el aislamientode Cuba. Y junto con éste, también el de Ana Montes. Mujer que hoy languidece como una suerte de “demente”, tan solo por haber tenido suficiente cordura como para vislumbrar, que la intolerante crueldad y la despectiva injusticia, llevadas a su culmen en el plano de las relaciones internacionales, obligatoriamente conllevan a la impopularidad y el ocaso de cualquier potencia, ya sea la Roma de Sila, la Francia de Napoleón o el Washington post-Bush. Y que por ley del destino, el Imperio que pretenda subyugar sobre la base del terror, invariablemente terminará desmoronándose en el caos.

En ese sentido, considero a Ana Belén Montes como la persona más cuerda de los Estados Unidos.Aunque la encierren en el pabellón de los locos.

EL PAPA FRANCISCO, CUBA-EEUU Y ANA BELÉN MONTES: ACORDAOS DE LOS PRESOS

Por MCS & MTH Douglas Calvo Gaínza

Gran actividad reina en Cuba por la próxima venida del noble Papa Francisco, hombre quien parece decidido a reformar del todo la institución vaticana, materializando los consabidos anhelos de los teólogos de la liberación.

Rompiendo el esquema eurocéntrico que hasta ahora predominaba en la más extensa y poderosa rama de la Cristiandad, este Papa del siglo XXI ha alzadouna voz digna y elocuente a favor de los pobres y del multiculturalismo, con lo que dejó de encarnar a aquella teocracia militarista de antaño, la cual sancionaba inquisiciones y cruzadas, enfatizando autoridad sobre humanidad;y así él ha devenido un verdadero “Pontífice” en el sentido etimológico de dicho término: “Hacedor de puentes”. Aquél que une a las naciones de la Tierra, en un espíritu de caridad.

Francisco nos trae un espíritu de concordia y misericordia universal, acorde a los principios delineados en su relevanteencíclica “Laudato si”, sobre “la convicción de que en el mundo todo está conectado” (16) y el “sentir que nos necesitamos unos a otros” (229). Lo cual implica que su Mensaje reconoce el hecho innegable de que vivimos en un planeta exhausto, donde ya no caben las interminables querellas nacionalistas, de estrechas miras, sino que se impone más y más la necesidad de servir a una sola Patria Global, conforme al enunciado del Héroe Nacional de Cuba, José Martí: “Patria es Humanidad”.

A modo de ejemplo: el papel del Papa latinoamericano en el relativo deshielo Cuba-EEUU, ha sido vital. Por mediación suya, ha sido posible canalizar las energías hacia el diálogo y la comprensión mutua, emergentes por décadas tanto en la sociedad cubana como en la estadounidense. Gracias al remozado Vaticano de Francisco, hoy en el prolongado y asimétrico diferendo entre las dos naciones se aprecian ya avances notables, para el bien de ambos pueblos. Como expresara nuestra icónica Graziella Pogolotti, en su “Mensaje personal” al Pontífice, “La Iglesia Católica acrecienta su presencia convocante, solidaria, con los desposeídos del Mediterráneo y se afirma en el llamado al diálogo entre civilizaciones, al cese de la filosofía del despojo”; y a su vez, los cubanos, “Sin cejar en los irrenunciables propósitos que llenaron de sentido nuestra existencia, estamos entrando en otra etapa, en virtud del restablecimiento de las relaciones con los Estados Unidos, fruto de una prolongada negociación en la que su Santidad desempeñó un papel reconocido.”

Naturalmente, impera un gran entusiasmo en la Isla por la venida de aquél que tanto ha hecho por aplicar la filosofía altruista de Jesús de Nazaret al plano de las relaciones Cuba-USA.Alegría que no sólo es matizada por afiches en las calles y preparativos para las misas gigantes, sino incluso por nuevos actos filantrópicos estatales, tales como el indulto por parte de la República de Cuba a 3.522 individuos sancionados por violación de las leyes nacionales (incluyéndosecomo una categoría explícita de tal venia, por cierto,la condición de “mujer”). En ese sentido, el Gobierno Revolucionario hace honor al gran Prelado romano, mostrando indulgencia a infractores, mediante lo que se obsequia al Santo Padre con una absolución dirigida a parte de nuestra población penal; la cualamnistía indirectamente le recordará a Francisco las Palabras del Nazareno en Mateo 25:36, sobre la bienaventuranza de aquellos quienes se acuerdan de Dios al visitarlo “en la cárcel”, donde Él padece recluido bajo la forma de uno de sus “hermanos más pequeños” (a saber los pobres, los desposeídos, los explotados).

Y entonces, en medio de este ambiente evangélico-político, vienen a nuestra mente las palabras de Hebreos 13:3 “Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo.”

Pero tal rememoración no se nos impone respecto a los indultados de la Isla, quienes difícilmente hayan sido sancionados por violaciones de la legislación vigente,debido a sus actos patrióticos o internacionalistas. Sino en relación con alguien que hoy sufre la más extrema rigurosidad penitenciaria, no a causa de latrocinios u ofensas a la moral pública, dictadas por el anhelo del propio beneficio, sino por haber arriesgado su vida obedeciendo a su lúcida conciencia en cuanto a la necesidad imperiosa de que en las relaciones Cuba-EEUU prime, por parte de la súper-potencia, una política de “amor al vecino”, y también con el noble objeto de que en los manejos globales de la política estadounidense, en lugar de un nacionalismo exclusivista y estrecho, se aplique siempre el bello axioma de Mateo 7:12 “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”; sentencia que fue gallardamente reafirmada ante un juez,mediante estas palabras de la ciudadana norteamericana Ana Belén Montes: “que nosotros tratemos a otras naciones en la forma en que deseamos ser tratados”.

Ello le valió convertirse en una de esas hermanas más pequeñas del Nazareno, que sufren en la cárcel; y no por causa de homicidios o timos, sino como una de quienes “padecen persecución por causa de la justicia” (Mateo 5:10).

Sería un merecido honor a su vocación presbiteral, si el Papa Francisco intercediera por la liberación de Ana Montes ante las autoridades norteamericanas. A fin de cuentas, sufirme convicción apostólica sobre la interconexión del orbe y la mutua necesidad que todos los pueblos y seres humanos tenemos unos de otros, quedó reflejada de modo impecable en la auto-defensa de la activista: “Todo el Mundo es un solo país. En ese “país mundial” el principio de amar al prójimo tanto como se ama a uno mismo, resulta una guía esencial para las relaciones armoniosas entre todos nuestros países vecinos.” Resulta difícil no hallar una concordancia entre las aspiraciones del Sumo Pontífice, o incluso de todas las religiones en general, y este párrafo penetrante y conmovedor de la reclusa internacionalista, severísimamente condenada por soñar con algo que el propio Santo Padre ha bregado por implementar: “Mi mayor deseo sería ver que surja una relación amistosa entre Estados Unidos y Cuba”.

No puede dudarse de que el Papa y Ana Montes han luchado por intereses, como mínimo, parecidos. Las acusaciones a Francisco de la ultra-derecha (religiosa o no) como un “comunista”, y la rabia descargada sobre aquella que, en nombre de una multiplicidad cultural y socialbastante similar a la defendida por el actual Pontificado, puso en riesgo su existencia a fin de ayudar a Cuba “a defenderse de nuestros esfuerzos de imponer en ella nuestros valores y nuestro sistema político”, y a preservar sus singulares conquistas yvirtudes,parece proceder de la misma raízintransigente,opresiva einexorable, que se niega a ninguna renovación o reforma, sea en el plano religioso, o en el político, y que sólo reconoce la venganza frenética como única arma de su arsenal. Ya sea para denostar al “Papa marxista”, para enclaustrar a una presa de conciencia, o para arrojar a los cristianos primitivos a los colmillos de los leones del Coliseo, entre el furibundo clamor de la multitud: “Muerte a los ateos”.

Es la lógica ciega y contumaz de Posada Carriles, exterminador de inermes civiles “comunistas” yenemigo del pluralismo en la arena política, al constituirse en el defensor acérrimo de un solo modelo ultra-derechista imperial, a escala planetaria. El raciocinio obnubilado de esefanático ejecutor neo-fascista, quien, inconsecuentemente,disfruta de plena inmunidad en aquel mega-estado, que al celebrar cada Día de Acción de Gracias también rememora de modo indirectola raíz cristiano-puritana de sus primeros ancestros, emigrados en busca de libertad y tolerancia tanto religiosa como política;mientras que, paradoja de paradojas, a la vez se le inflige una inflexible represión a alguien que afirmó ante sus inquisidores: “Espero que mi caso, en alguna manera, estimule a nuestro gobierno para que abandone su hostilidad en relación con Cuba y trabaje conjuntamente con La Habana, imbuido de un espíritu de tolerancia, respeto mutuo y entendimiento.”

Éste es el mismo anhelo del Santo Padre;el mismo declarado por Obama. Es exactamente lo deseado,tanto por los pueblos cubano y estadounidense, como por tantísimas personas de buena voluntad en todas las latitudes.Constituye la más genuina aspiración posible, hoy deprecada sólo por fósiles maccarthistas, ya del todo eclipsados ante la sabia marcha de la Historia. E incoherentemente punida, en esa reclusa que no debe ser olvidada, y cuyos humanitarios ideales se confirmaron en pleno el 17 de diciembre del 2014.

Concluimos sosteniendo que una petición de indulgencia hacia Ana Belén Montes por parte del honroso Papa Francisco, no sería una sinrazón, sino algo muy a tono con el desempeño del Sumo Pontífice en el diferendo entre Washington y La Habana.

Sigan pues los fariseos intemperantes de siempre, manteniendo la necesidad de castigar a la supuesta “traidora” involucrada en actos de espionaje contra su Patria. Nosotroscomprendemos tanto lo irreal de los cargos, como lo relativo y politizado de ese mote infamante, el cual puede ser por demás honroso en ciertos casos, como lo demuestra la propia Biblia en la historia de los agentes secretos enviados por Josué a Jericó, quienes fueron acogidos, protegidos y salvados porla cananea Rahab,en contra de las leyes y pesquisas delgobierno de su tierra natal, lo cual le valió no sólo la salvación y la bendición Divinas, sino el ser parte de la línea genealógica del Mesías, y el ser erigida en paradigma de fe y de justicia (Josué 2:1-24 y 6:22-25; Mateo 1:5; Hebreos 11:31, Santiago 2:25).

Y admirando el sacrificio de la compañera Ana Belén Montes, con nuestros más sinceros deseos la encomendamos no sólo a la gestión del Sucesor de Pedro, sino a la de todos los ciudadanos de nuestraúnica Patria Universal, capaces de transcender las angostas fronteras del nacionalismo, e intuir en el caso de esta presa de conciencia lo hermoso y válido de las Palabras del Nazareno eterno: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13).

LA VERDADERA AMENAZA DE ANA BELÉN MONTES PARA LA SEGURIDAD NACIONAL DE LOS ESTADOS UNIDOS

Por MCS & MTH Douglas Calvo Gaínza.

Hay una palabra mágica que justifica cualquier bestialidad en represalia: “espía”.

Los espías son odiados, y automáticamente privados de cualquier derecho humano. La razón: son traidores a alguna bandera, a la cual le juraron lealtad. E incluso, los hay que por motivos varios (sean chantajes o sobornos millonarios) trabajan simultáneamente para dos rivales, como “agentes dobles”.

En verdad, quizás el espionaje por seres humanos sea una profesión de corto futuro, llamada a desaparecer ante la inteligencia robótica.Pues ya puede afirmarse que cada individuo o Gobierno delaTierra es vigilado en mayor o menor medida por las súper-potencias lideradas por EEUU, a través de satélites y otros dispositivos de última tecnología. Pero aún hoy, hay personas dispuestas a involucrarse en tan riesgosas actividades,y a veces, por motivaciones de conciencia.

Entre los grandes “espías” del ayer, descuella por supuesto el famoso Natán Hale, héroe de la Revolución norteamericana contra el dominio colonial británico. Pero no dudamos en considerar cómo el más importante agente secreto de la Historia, al germano Richard Sorge, quien en gran medida contribuyó a la derrota del nazismo con sus atinadas informaciones sobre los planes ocultos del militarismo nipón. Por demás, él fue uno de tantos alemanes que prefirieron la lealtad al mundo entero, en lugar de la fidelidad a su propia nación. Junto a Sorge, lucharon desde esa trinchera silenciosa otros “traidores a Alemania”que pertenecieron a la “Orquesta Roja” y contribuyeron decisivamente al fin ignominioso del Tercer Reich hitleriano, los cualesfueron casi todos cruelmente ejecutados por la Gestapo. Y conociendo las biografías de algunos de aquellos héroes ocultos, sabemos que no mostraron arrepentimientos de tipo nacionalista al enfrentar la guillotina, el paredón, o la horca. Pues entendían que su labor temeraria, transcendía con mucho los límites de su propiopaís, descaminado por las ideas maniáticas del hitlerismo. Y prefirieron luchar por una Patria global libre del dominio fascista, a permanecer fieles a una tierra natal que exportaba al resto del orbe su inhumanidad sin fronteras, asumiendo que el deber hacia el bien universal se impone por sobre cualquier juramento de fidelidad al mal autóctono.

Si se les hubiera preguntado a los ciudadanos norteamericanos de aquel tiempo qué creían sobre aquellos espías comunistas, muy posiblemente hubieran respondido que les admiraban, justificando sin más, con su típico pragmatismo,esa “traición” a las raíces de procedencia. Del mismo modo, supongo, responderán casi masivamente que aprueban cuando algún afgano, sirio, iraní, nigeriano o somalí, accede a trabajar para los Estados Unidos en contra de los Talibanes, del gobierno de Al-Assad, de la República Islámica de Irán, del Boko-Haram o de Al-Shabbaab.Y sin dudas protestarán con simpatía y dolor,cuando cualquier colaborador nativo, infiltrado en organizaciones pro-yihad, sea castigado por sus connacionales como “traidor”.

A la ciudadana estadounidense Ana Belén Montes, se le achaca haber traicionado a su país en tiempos en que la Doctrina Reagan auspiciaba un genocidio universal.

No es para asombrarse. Ana debe haberse conmovido ante el más de medio millón de campesinos mayas exterminados en Guatemala, por los militares pro-yanquis. Ella debió haber sufrido al percibir cómo la Casa Blanca violaba el derecho internacional, con el minado de las aguas en Nicaragua y el ataque a sus ciudades, mientras organizaba una sangría humana difícil de aquilatar. Desde su puesto privilegiado, ella pudo comprender con dolor cómo su Gobierno apoyaba por igual al pinochetismo o a la Junta Militar que aterraba a Argentina con crímenes de lesa humanidad, los cuales incluían desde torturas que habrían causado envidia a Tamerlán, hasta los “Vuelos de la Muerte” y el secuestro de criaturas recién nacidas. Se estremecería al oír cómo sus colegas aupaban en el Salvador a una tiranía culpable de la violación y asesinato de monjas norteamericanas, y del homicidio de un Arzobispo como Arnulfo Romero, honrado en toda Latino-América y reconocido universalmente por su digna espiritualidad. Indudablemente, ella debió avergonzarse ante el trágico espectáculo de más de 70.000 soldados yanquis invadiendo sin causa alguna la pequeña Isla de Granada, para enfrentar con exagerada rabia a un pequeño contingente de constructores y asesores cubanos, y bombardear incluso un hospital psiquiátrico. También hubo de desencantarse conociendo el apoyo de Washington al arsenal químico de Saddam Hussein, y al prever las consecuencias para la paz en el Medio Oriente de tal rearme, el cual ha conllevado sucesivamente a tres guerras y a una infinidad de bajas irreparables entre las poblaciones civiles, amén de incentivar,con un efecto boomerang, el auge yihadista actual y sus peligros para el pueblo estadounidense y aun para el mundo entero.

En pocas palabras: Ana Belén Montes debió sentir un duro conflicto de conciencia, al percibir cómo la guerra de los Estados Unidos de América contra el Tercer Mundo, alcanzaba proporciones tales, que el apoyo nacionalista a semejantes políticas implicaba ser cómplice de un sinfín aterrador de atrocidades. En ese sentido, ella no se diferencia de otros tantos agentes que obraron y aún obran movidos por su corazón, y prefieren la Humanidad a la tierra natal, ya sea para enfrentar a Hitler o al Estado Islámico.

Quizás esa política de los ochenta esté siendo superada por la actual administración norteamericana. Al menos, eso da a entender la retórica de Obama. Sin duda alguna, hoy en Washington se hace un esfuerzo (si quiera formal) por descartar algunas manifestaciones externas de la antigua Doctrina Reagan, a cambio de un reacercamiento más “suave” al “continente-traspatio”, ya en gran medida alienado por tantas masacres e intervenciones. Y se habla de reformas, reconciliaciones, cambios… Por otra parte, los agentes de la CIA que promovieron esas barbaries, y sobre cuyas conciencias pesan las vidas de tantos inocentes, descansan hoy impunes, sin nadie reclamando su castigo. No hay voces pidiendo que se entregue a los viejos “asesores” yanquis en Chile, Argentina, u Honduras. La “Guerra Fría” ha terminado, y ningún viejo espía derechista es castigado por sus sanguinarios actos pasados, sino que con el fin del conflicto, ha llegado el olvido del ayer.

Pero esas renovadoras evoluciones políticas, con sus afables apaciguamientos y absoluciones, no llegan a la relegada celda de Ana Belén Montes. Y ello resulta incomprensible.

Tras su juicio público, su condena y los trece años de reclusión solitaria bajo extrema vigilancia, ¿qué “secretos militares” podrá revelar esa señora a la Seguridad Cubana? ¿Sabrá ella algo de las actuales operaciones encubiertas de su Gobierno contra la “Cuba castrista” u otros países de la región? ¿Ella, que por más de una década no sólo no ha podido recibir amigos, paquetes, correos electrónicos, llamadas telefónicas y otras cosas en apariencia “peligrosas para la Seguridad Nacional”, sino que ni siquieraha podido leer un periódico over la televisión? Medida irracional y asaz ridícula, por demás; pues ciertamente, por mucho que pueda temerse la gestión de los órganos cubanos de la Seguridad del Estado (capaces de frustrar tantos atentados contra la vida de Fidel Castro y de descalabrarmúltiples acciones terroristas de toda índole), no es dable imaginar a Telemundo y Televisaemitiendo mensajes cifrados para la Montes a través del “Show de Laura” o “Doce Corazones”, ni concebir a Ana María Polo trabajandoencubiertapara el MININT y transmitiéndolea la peligrosa convicta códigos secretos a través de “Caso cerrado”, con el fin de explicarle a la prisioneracómo ella puede,desde su celda, organizar un horrible sabotaje que arrase con toda la base aérea de la Marina en Fort Worth.

Esta ilógica represión se resume en una sola y repudiable palabra: venganza. Es la represalia bárbara por haber obedecido a la ineludible voz de la conciencia mundial,antes que a la manipulable excusa de la angosta patriotería. Para Ana no habrá exenciones o inmunidades, como las hubo para los maestros de la tortura en la Escuela de las Américas, puesen ella se pretende castigar de raíz al pensamiento independiente y universalista.

Perotal rencor constituirá un fallo abismal para el Imperio,y engendrará la verdadera amenaza de Ana Belén Montes para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos.Pues como la bola de nieve, crecerá la solidaridad, hasta que aquella a quien se mantiene hoy enjaulada como una fiera ajena a la alegría del universo, se convierta en un símbolo mundial del librepensamiento,el cual transciende todoultra-nacionalismo, y a la postre ella devengaun ícono con peligrosísima potencia espiritual.

Por ello, si yo fuera amigo del Imperialismo, le recomendaría que deje pronto en libertad a Ana Belén Montes, antes de que su figura se agigante más de lo que a éste le resulta conveniente. De lo contrario,día a día él mismo enaltecerá a una heroína, hacia la cual se volverán los ojos de todos los progresistas del planeta; y al ya mermado renombre de la “nación imprescindible” se añadirá una nueva mácula ante la consideración de la especie humana: la del atropello contra esa postergada y estoica presa de conciencia, que, olímpica y erguida en su mazmorra, afronta con osadía inquebrantable el ciego desafuero de la saña.

Y si los Césares modernos no reaccionan a tiempo, el resultado será el nacimiento de una épica funesta para ellos: la de la ciudadana norteamericana que sirvió al explotado en contra de su explotador, exponiéndose con bravura simpar al brazo cruento y necio de la muerte y al duro encono del opresor. La de la frágil mujer que, con silente altivez,alcanzó día a día la plena victoria moral sobre susverdugos, y elevó la dignidad humana a tal altura, queya ella hoy habita enel Valhala de los dignos, resaltando cual giganta entre gnomos.

Y por desdicha para Washington,con todo y su enorme poderío, su ciclópeo aparato bélico-policíaco jamásposeerásuficientes recursos,como para enfrentarse a tal amenaza ética.

¿Son humanas las espías? Ana Belén Montes: una mujer sin Derechos

Por Douglas Calvo Gaínza[i]

Estoy encerrada entre las paredes grises de esta prisión como si estuviera en una tumba. (...) De la mañana a la noche y de la noche a la mañana, no veo otro ser humano. No tengo más ocupación que la de estar sentada en medio del silencio doloroso de mi estrecha celda. (...) Siempre reina un silencio de muerte.”

Ethel Rosenberg.

Desde 1959, Cuba ha incurrido en el grave pecado de la heterodoxia respecto a la secta lisonjera que se ha impuesto como doctrina de fe en la política internacional, y cuyo dogma revelado y Sinaítico es la prosternación absoluta ante los designios inescrutables de Washington.

En primer lugar, La Isla ha caído en herejía al sustituir la superficialidad consumista por el altruismo y lahermandad. Ellole ha validosertan acorralada, como Numanciacercada por las legiones de Escipión.Sin embargo, La Perla de las Antillas ha sobrevivido. ¿Por qué? Precisamente gracias a su pasmosa fraternidad universal.La Habana se ha ganado con creces sus laureles. Sus defensores han llevado el médico a la intrincada selva adonde jamás el capitalismo lo envió; han enseñado a leer al indígena segregado, a quien nunca el aristócrata ilustró; han derramado su sangre por el fin deladiscriminación,mientras EEUU apuntalaba a los grotescos racistas del Apartheid.

Es tan imposible aprehender la inmensa magnitud de infelices, perjudicados en mil maneras por lasestrategias voraces y conquistadoras del descomunal poderío norteño, como conocer el abrumador número de gente pobre, beneficiada en el Tercer Mundo por las políticas solidarias de la pequeña nación antillana.La gratitud delos desposeídos del orbe ha sido tal, que incluso nuestros más enconados enemigos han debido admitirla. Y como ejemplo típico de cuán funesta y desalmada “maldición”para este mundo han sido los “castristas”, baste citar que incluso los ojos cegatos de aquél quien acribilló a undesarmado Che Guevara, ícono de nuestro sistema, fueron sanados por nuestros doctores.

Hemos cumplido el anhelo del prócer Martí, quien nos enseñara: “El pueblo más grande no es aquel en que una riqueza desigual y desenfrenada produce hombres crudos y sórdidos y mujeres venales y egoístas; pueblo grande, cualquiera que sea su tamaño, es aquel que da hombres generosos y mujeres puras.” Y como es obvio, a tal singular archipiélago, con un decoro digno de muchos continentes, no es tan fácil invadirlo como a Haití en 1914, a Dominicana en 1965, o a Granada en 1983.

Pero además, la otra blasfema apostasía de la nación caribeña fue creer en el derecho a la auto-defensa. Por ello, pecó gravemente, al pretender conocer de antemano por dónde y cómo sería atacada, a fin de poder protegerse (algo imperdonable según la lógica del Pentágono, aunque no según el sentido común y el Derecho Internacional). Y lo cierto es, que quizás el asesino del Guerrillero Heroico estaría aún hoy ciego, y junto a él miles de aldeanos de África o Latino-América, de no ser por una mujer: Ana Belén Montes, “espía” que cometió el horrendo crimen de ayudar a convencer a los Césares de Washington, de que la Isla no ameritaba ser arrasada y demolida por los misiles Tomahawko los aviones no-tripulados.

Así que tuvieron suerte, después de todo, los muchos invidentes, analfabetos, enfermos de Ébola y afectados por cataclismos, junto a las miríadas de excluidos o relegados de toda índole, a quienes el capital tiene por prescindibles(pero no así la Cuba revolucionaria).Prosiguieron las Misioneshumanitarias de La Isla bloqueada: las operaciones Milagro y Barrio Adentro, los retos y mártires de la Brigada Henry Reeve, y otras tantas iniciativas bienhechoras. En cambio, aquella misma dama que ayudó en gran medida a disuadir a los guerreristas ansiosos porusar sus proyectiles reforzados con uranio empobrecido (para así multiplicarnuevos jóvenes ciegos, otros ancianos paralíticos y más niños cancerosos,o para extender la devastación y las crisis humanitarias “a cualquier oscuro rincón del mundo”, en donde se exterminaríaa multitudes deindeseables desheredados), ésa sí que no fue perdonada por el Amo de la Tierra.

Juzgada y condenada, hoy languidece en condiciones que nos recuerdan las de Julius Rosenberg, electrocutado por supuestamente ayudar al enemigo en “tiempo de guerra” (sin que mediara, por cierto, tal beligerancia declarada entre la URSS y USA), y el cual relataba: “Otro día, otra semana, e incluso otro mes. El tiempo sigue su curso – sin nosotros – y lo que nos resta, es el sufrir esta monótona e interminable soledad, despojados de todo lo que nos es querido, salvo del respeto que nos tenemos a nosotros mismos.”

Así mismo subsiste hoy Ana Belén Montes, por ayudar a salvar de la Guerra a la sede de tanto humanitarismo, para bien de tantísimos desdichados. Por trece largos años ha sido una mujer acorralada, clausurada, repudiada y desamparada. La persona más solitaria del planeta, sólo por soñar con un acercamiento mutuo entre EEUU y Cuba. El mismo que hoy ya se establece en política.Pero no obstante, reina el silencio en torno suyo.

Confío en los líderes de mi país y estoy seguro de que están haciendo todo lo posible por ayudar a esta noble compañera. Aunque viendo cómo la actual administración Obama dice “No” a tantos reclamos justos por parte de la demonizada República cubana (que a priori nunca tiene la razón), imagino las dificultades que enfrenta el liderazgo revolucionario para rescatar a esa secuestrada del Imperio. Ahora bien, ¿yotras instituciones internacionales menos contaminadas por el vilipendiado “castrismo” y dedicadas con ahínco a la gestión filantrópica?

Por ejemplo, Amnistía Internacional mostró clemencia ante los bárbaros abusos sufridos por el cuasi-espía soldado Bradley Manning, quien se atrevió a seguir los dictados de su conciencia por encimadel viejo axioma nazi de la “obediencia debida”, y exhibió ante el mundo (¡oh, pecado mortal!) las clandestinas ferocidades de los Cruzados yanquis. Pero ahora aquella no mueve un dedo por Ana. Y los especialistas en Derechos Humanos de las Naciones Unidas también callan piadosamente. Como mismo tampoco predican misericordia hacia su persona las organizaciones religiosas.

Todo esto me resulta repulsivo y bestial, pues como hombre siento un respeto instintivo hacia el mundo interior femenino, del cual dijera nuestro Apóstol que“Mujer, y flor, y llanto se fecundan en hijos, en aroma, en musgo, en flores, y el universo terrenal inundan con la savia vital de los amores.” Me recuerdo de Hipatia, de la Beecher Stowe, de Emily Dickinson o de Dulce María Loynaz, y medito en las consecuencias que tal cautiverio ocasionaría en sus almas. Que hombres brutales le impongantan árido aislamiento durante tantísimos añosa una cautiva indefensa y vulnerable, me repugna al máximo. No me es difícilconjeturar qué diría ante esto el Maestro Martí, quien afirmara con su verbo sublime que “No es hermosa la fruta en la mujer, sino la estrella” y que “Una mujer buena es un perpetuo arco iris”. ¿Acaso no protestaría airadoel Héroe, quien en tiernos apotegmasamonestaba que“La mujer es como una flor, y hay que tratarla así, con mucho cuidado y cariño, porque si la tratan mal, se muere pronto, lo mismo que las flores”?[1]Pero increíblemente, por Ana Belén Montes no se interesa ni la UNIFEM, ni la UN Women, ni la CEDAW, ni ninguna otra entidad que asuma la defensa de los derechos femeninos. ¿Dónde están las feministas?

Incluso su parentelaconsanguínea le ha vuelto la espalda, y la ha tratado de modo no muy diferente al usado contra Ethel Rosenberg por su hermano Sam: “En mi piojoso corazón no hay más que desprecio para ti y los de tu clase”. A tal grado llega el ensañamiento[2].

La razón es muy obvia: Ana Belén Montes fue una “espía”. O sea, una especie de monstruo u ogro sobrenatural, el cual carece de sentimientos, y sólo sabe conspirarpara la destrucción del prójimo. Por ende, una condenada por espionaje no tiene derechos humanos. Pues no es una persona, sino algo anatematizado y consagrado a la destrucción.

Peor aún: Ana Belén Montes no se ha postrado de rodillas, llorando y suplicando misericordia. Eso le ha valido una condena aún más áspera, y con fiereza similar a la mostrada contra la impenitente Ethel Rosenberg, a quien se trataba en los medios yanquis como a un ser endurecido y de alma callosa, por afirmar en un tono que nos recuerda a la boricua: “Ellos esperan que yo me quiebre bajo la tensión porque soy una mujer. (…) Pero no será así.” Pues bien, ¡qué audacia! Ya en la Edad Media, las brujas que no se arrepentían eran consideradas como concubinas favoritas de Satanás, y su pertinacia era signo de la venta del alma. Se las tenía por criaturas sin corazón, y toda brutalidad en su contra se justificaba, pues para la Inquisición ellas ni eran seres humanos, ni tenían Derechos. Y hoy pasa lo mismo con esta obstinada defensora de Cuba, que no acaba de claudicar. Obviamente, al igual que Ethel Rosenberg, ella es una sectaria sin entrañas nisensibilidad. Una sub-humana. Por eso, su desafiante persistencia en la herejía le acarrea un mayor odio por el moderno Santo Oficio de Langley. Empero, ¿quién conoce las interioridades, sueños, ilusiones y anhelos del espíritu de esa reclusa enclaustrada? ¿Acaso su condición de “espía comunista” la habrá tornado en un robot sin capacidad para reír o llorar?

Como no podemos saber nada de su alma por su propia boca, pues se le niega la comunicación con el mundo, quizás una analogía válida sería la de comparar a esta “empedernida fanática” con la asesinada señora Rosenberg, quien ante el chantaje replicó: “¡Así que me van a perdonar la vida a cambio de la de mi esposo! (…) Lo que se proponen en verdad es erigir un aterrorizador sepulcro, en el que viviría sin morir y moriría sin morir. De día no habría esperanza y de noche no habría paz. Una y otra vez, vería el amado rostro, y me figuraría que escucho la amada voz. Una y otra vez se vertería en sollozos mi corazón destrozado, musitando adioses y tambaleándome, ¡bajo el impacto de un crimen irrevocable! (…) Mil veces prefiero abrazar a mi esposo en la muerte, que vivir en la ignominia gracias a la execrable generosidad de ustedes. (…) Ningún poder sobre la tierra podrá desunirnos en la vida o en la muerte. (…) ¡No lo denigraré! Mi vida destrozada será su inmortalidad. (…) Pero la salvaje represalia que han tomado contra mí, los perseguirá hasta el borde de sus tumbas, y más allá.”

¿Hará falta conjurar a Perogrullo para afirmar que las mujeres “espías” sí tienen emociones, sí son “humanas” y sí tienen “Derechos”? ¿Y que el negárselos a Ana es un crimen misógino y antinatural?

Por eso, lepreguntamos a esos dementesadoradores de este psicopático Orden Mundial, en donde mientras muchedumbres innúmeras lloran por un mero pedazo de pan, unos pocos compran parcelas en la lejana Luna: ¿quién les ha legado a Ustedes el sacrílego privilegio de procurar, a gusto y placer,el enloquecimiento de una prisionera inerme?¿Qué derecho tiene su nación prepotente y abusiva, para privar a esa dama,por más de una década, de todo calor amigable, de la música, del arte, de las nobles energías de la naturaleza, o del imprescindible tesoro de lacamaradería con nuestros semejantes? ¿Quién ha nombrado Ser Supremo del Universo a los Estados Unidos de América?

Yo mismo responderé. Hay una sola justificación para esas arrogantes ínfulas de Washington: ¡el terror!Impuesto a los que no poseen la grandeza interna de esa portorriqueña, quien lo ha desafiado todo en nombre de una idea. De un credo que bien podrá no ser compartido por todos, sin dudas. Pero, ¿acaso preferiremos la ovejuna sumisión bajo el yugo opresivo delespanto? ¿Proseguiremos en un cómplice silencio? ¿Nos faltará vergüenza para levantaruna voz airada contra ese atropellomachista y vengativo? ¿Hasta cuándo el miedo a los drones, a los venenos sofisticados, a los sicarios sin entrañas, o simplemente al chantaje y la demonización social, nos mantendrán paralizados ante los desmanes de esa desaforada Norteamérica? ¿Adónde irán a parar nuestros sentimientos más puros, si seguimos postrados por el pánico? ¿Y qué herencia moral les transmitiremosa nuestros hijos y nietos, si temblorosos ante la perspectiva de la ira Imperial, mantenemos un encubridor mutismo ante una crueldad tan obvia como la que se ejecuta hoy contra Ana Belén Montes?

Todo aquél que se encoge de hombros al respecto, se arriesga a convertirse en un apóstata de la noble condición humana. Aquí no importan “izquierdas” o “derechas”, “social-democracias” o “comunismos”. Hablamos del sentimiento más puro y enaltecedor: aquél que siente como suyos los dolores ajenos. De una categoría suprema: la de “humanidad”. Es mil veces preferible desertar de cualquier ideología u orientación política, de cualquierreligión o patrioteríaangosta, que olvidar negligentemente nuestra propia esencia: elgeneroso humanismo. El Imperio puede asesinar, cómo lo hace, los cuerpos de miles de personas. Pero no puede matar la chispa de la fraternidad y del calor universal, capacesde irradiarse desde el mismo núcleo de nuestros corazones. En el sagrario del espíritu no penetra ninguna bomba de última tecnología. El verdadero Stalingrado del militarismo yanqui está en nuestra alma. Y ahí, en lo más íntimo, “No pasarán”.

Conclusión: el que tenga vergüenza, honor y caridad, súmese a la causa por un trato humano y por la liberación de Ana Belén Montes.

En cuanto a ti, Ana,los progresistas no te abandonaremos. Tu obra silenciosa y digna será reconocida. Y sin miedo a la vengativa inhumanidad del Imperio, te deseo que a través del mar, por sobre los muros, barrotes y guardias, rebasando laincomprensión estrecha de unos y el odio irracional de otros, llegue algún día a las tinieblas de tu encierro, con la ligereza de la luz que todo lo ilumina y lo embellece, el agradecimiento de este pueblo al que tanto ayudaste a proteger contra un Holocausto, y asimismo la solidaridad de cada persona con una mínima pizca de sensibilidad en su alma.

Tú nunca estarás sola. A tu lado hoy hay cientos. Mañana habrá miles. Un buen día, millones. Y a la larga, por siglos y siglos, te acompañará siempre la admiración eterna de la Historia.


[1]La Revolución cubana nunca ha ejecutado mujeres.Ni siquiera a aquella “Niña de Placetas” que, alzada en armas contra la República, asfixió a su propio bebé y terminó indultada rumbo a su verdadero hogar espiritual: USA, el paraíso de la pena de muerte sin respeto a género sexual.

[2]Por suerte, amén de ser una gloria para Puerto Rico e incluso para los propios Estados Unidos [“La prueba de cada civilización humana está en la especie de hombre y de mujer que en ella se produce” (Martí)], Ana Belén Montes tiene como familia a todos los revolucionarios cubanos.


[i]Nacido en La Habana (1970). Con formación tanto científica como humanística, es Máster en Tradición y Filología Clásica con mención en estudios de la Antigüedad Clásica (Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana) y Máster en Ciencias de las Religiones (Seminario Evangélico de Teología de Matanzas). Tras desempeñarse en el pasado como profesor-traductor de Griego antiguo y moderno, y asimismo como especialista en Patrimonio por el Ministerio de Cultura cubano, en la actualidad labora como profesor de Historia Universal de la Cultura en el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas (SET) y también como traductor profesional de latín para una fundación especializada en filosofía y mística del siglo XVIII. Es miembro del Comité Cubano pro Trato Humano para Ana Belén Montes.

 

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Venezuela. Maduro a los periodistas: «Los planes imperiales han sido derrotados»

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Geraldina Colotti | Martes, 1 Octubre 2019

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